11 de abril de 2016

La llave

Pienso en ti e incluso sueño con estar a tu lado. Nos plantamos cara a cara y hablamos de corazón a corazón. Parece que nos entendemos, pero soy incapaz de no preguntarme ¿será solo una ilusión de las mías? Me da la sensación de que me das la posibilidad de cogerte la mano, pero dudo. Acercarme demasiado a ti creo que supondría una herida que no sé si sería capaz de curar. 
Y yo tengo muchas de esas. De vez en cuando se vuelven a abrir, les echo alcohol, escuecen, hacen que suelte unas cuantas lágrimas, y después les pongo una tirita, tapándolas, pensando que así cicatrizarían y ya no dolerían nunca más. Pero pensar eso es engañarme a mi misma, porque sé que esas heridas están ahí por algo y que nunca se curarán de todo, para recordarme las cosas que hice en el pasado y las personas que estuvieron a mi lado. 
Por lo herida que estoy, he decidido guardar mi bien mi corazón y lo he metido dentro de una caja, bajo llave. Pienso que así nadie podrá volver a (tras)tocarme. Siempre termino llevando la llave conmigo, en la mano. 
Es entonces cuando me doy cuenta de que aún sigues mirándome, como tú me sueles mirar, con el brazo extendido, tendiéndome tu mano. Pero yo no estoy preparada y dejo pasar el tiempo. Todos terminan huyendo de mi, te digo. Pero parece que no te asustas. Quedamos para hablar y parece que te interesa lo que te cuento. Incluso podría decirse que en algún momento me siento especial. Después un día como otro cualquiera parece que te empieza a doler el brazo de tenerlo extendido y lo bajas hacia tu cuerpo. Me entero de que a tu lado no soy la única que se siente especial. Y como ya conté hace algún tiempo, me digo a mi misma: 'no llores, no llores, no llores...' 
Mi historia se repite continuamente. Creo que hago las cosas distintas cada vez, pero no. Todo es un bucle interminable en el que es imposible salir bien parada de allí.
En mis sueños me quieres, me abrazas y me aceptas tal y como soy. Incluso con mis taras.
Volvemos a vernos y parece que todo es como antes, que nada ha cambiado. Que yo estoy bien, y tú tan perfecto como siempre. Me dices que tienes ganas de abrazarme, y me siento morir. Y me pregunto porque siempre dices tantas cosas, pero no haces nada. Pero me infundes ilusión por la vida, por el amor. Hay días en los que me creo invencible e imparable. Nada podrá conmigo. Tenga ganas de intentarlo, de darnos una oportunidad. Pero en mi interior, tus dudas y las mías se convierten en un: nunca seré suficiente para ti. No seré lo suficiente buena, ni guapa, ni lista. Y todo esto me va consumiendo. Sin embargo, hay un rayo de luz porque vuelves a alargarme la mano y yo sigo teniendo en la mano la llave de esa caja, donde dentro está mi corazón. Al final levanto mi brazo y lo extiendo, acercándome lo suficiente a ti, como para que roces mi mano, y entre sus dedos se quede enganchada esa llave.

Ahora todo está en tus manos.