25 de marzo de 2016

Él.

Me siento asustada a cada paso que intento dar. Estoy totalmente paralizada. Él no me deja hacer nada y me roba la ilusión que antes tenía por hacer ciertas cosas. Quiero poder librarme de él, pero no me deja. Un día en el que estaba derrotada tocó a mi puerta, yo abrí, entró en mi vida, y a partir de ahí nada fue igual. He intentando de todo para echarle, pero cada día es más complicado, y al final llegó en el momento en el que me di por vencida y no hice nada. Simplemente intenté dejarme llevar. Hay gente que lo está pasando peor, me decía a misma. Respira, inspira, respira, inspira. 
Un día viendo a mis compañeras de clases, empecé a sentir que la carrera que a día de hoy sigo estudiando no era para mí, que no me llenaba y que seguramente nunca lo haría. Pero él me prohibió dejarla, me dijo que tenía que aguantarme y asumir mis decisiones. Creía que tenía razón, así que sencillamente seguí al rebaño, como una más. Quería poder decírselo a mis padres, pero no podía. ¿Qué pensarían de mi? Me dirían que no soy digna para ser su hija, me compararían, me juzgarían, y me destrozarían más y más. Él fue quien me metió esa idea en la cabeza, y yo le creí, por lo que me dije a mi misma que lo mejor para todos era dejar las cosas tal y como estaban. 
Él empezó a controlarme la vida y yo cada vez me sentía más sumergida entre sus brazos. No quería escuchar a nadie más ni estar con nadie más, porque él me decía que no podría, que no lo era lo suficiente ni lo sería para nadie. Que nadie me querría tanto como él lo hacía, que todo lo que hacía era por mi bien. Porque de verdad que me quería. Y le sigo creyendo, no le puedo dejar.
Cada día que me despierto es un sufrimiento, es abrir los ojos y querer vomitar al instante. No quiero estar despierta. Necesito dejar de existir, sentir que no estoy en el mundo, que puedo descansar en paz, que no tendré que pensar en nada más, que por un maldita vez en mi vida me sentiré segura. Sin embargo, me visto, me maquillo, me preparo y salgo a coger el tren de siempre, para ir a mi propia cárcel. No sé que me deparará hoy, pero sé que me asusta y no quiero tener que enfrentarme a este nuevo día. Ese día no resulta ser tan malo, pero me lo paso entero pensando en volver a la seguridad de mi hogar, de mi cama y de estar debajo de mis sábanas.
Ojalá pudiera decir que un día me desperté y me di cuenta de que él no era bueno para mi, que debía dejarle. Pero no fue así, llega otro día, que se convierte en peor que el anterior. Empiezo a dejar de hacer cosas básicas, no quiero tener que luchar más contra él. Ni contra nadie. Quiero vivir en paz. Quiero ser feliz, pero no me deja. Lloro, lloro, y lloro. Empiezo a adelgazar y a tener peor aspecto. La gente me pregunta que me pasa, pero yo me niego a contarles nada. Al final la gente termina por alejarse de mi, soy tóxica. Y yo simplemente pienso que así es todo mejor.
Ahora se me hace hasta complicado estar en mi casa, porque él también está aquí. No me deja respirar y me recuerda cada día el desastre que soy. Lo poco que me merezco. Lo sola que estoy. Lo desgraciada, insignificante y patética que soy y seré siempre. Me ahoga entre sus brazos.
Él me está quitando lo poco que me queda de vida. 

El miedo. 

7 de marzo de 2016

Miedo atroz

Mi vida se basa y se ha basado en desaparecer durante ciertos momentos, en los que cuales todo iba mal y mi humor estaba por el suelo. Y luego, volver a aparecer como si nada. Y así, me he dado cuenta de a las muchas personas que he perdido por el camino. Al volver eso me hacía volver a estar como la mierda y volvía a mi pozo sin fondo oscuro y frío, donde me pregunta qué es lo que estaba haciendo mal. Siempre he sido experta en echarme las culpas de todo. Y de pedir perdón cuando no he hecho nada malo. Creo que al final mis perdones eran: "perdón por no ser perfecta, por no estar a la altura de lo que te mereces". Me he sentido muy sola e insignificante. Nunca nadie me ha secado las lágrimas, he sido yo misma quien me las he enjuagado y al día siguiente salía a la calle con una capa de maquillaje y con una sonrisa pintada en la cara. ¿Qué más podía hacer? 
Al final me he convertido en una persona desgraciada que se dedica a alejar a personas, pero siempre esperando que se dieran cuenta de que yo ya no estaba y me vinieran a buscar. Pero, no sucedió. Y entonces es cuando intentaba convencerme de que todo estaba bien y de que podría yo sola. He ido a contracorriente del mundo. 
Y ahora me encuentro en un punto en el que me da un miedo atroz sentir lo más mínimo por alguien. Yo no me acerco a la gente y espero que la gente que se acerca a mi se vaya rápido. ¿Cogerle cariño a alguien? Es una debilidad. Está muy bien esa idea tan bonita que tenía de querer compartir mis alegrías y tristezas con alguien, porque si no la vida sería muy aburrida, sin sentido. Pero lo que pasa es que ya no estoy tan segura de eso. La gente te abandona. Nunca le he importado tanto a alguien como para que se quedará conmigo cuando yo no quería estar con nadie. Dicen que cuando menos nos lo merezcamos, más necesitaremos ser queridos. Y creo que al fin y al cabo tienen razón. Al final toda la vida se reduce en eso: amor. Esa realidad apesta, pero es así y lo sabéis tanto como yo. 
Y sí, tal vez me estoy comportando como una estúpida niña que tiene miedo, y que es una caprichosa. Que pide, pide, que solo exige. Pero, es que yo ya estoy cansada de dar y no recibir. De luchar y que no luchen. Que yo ya no pienso suplicar a nadie que se quede en mi vida. Quien no quiera estar, ahí tiene la puerta. El problema es esa gente que se instala en una parte de tu corazón y de repente cogen la puerta y se van. Me ha pasado tantas veces que no podría enumerarlas. Han jugado conmigo en mis momentos más vulnerables y han roto mi corazón. 
Estoy tirada en el sofá de mi casa, he puesto la televisión esperando que algo me hiciera olvidarme de todo, miro mi móvil esperando algo y no llega nada, entonces lloro y arruino mi maquillaje, pero eso ya me da igual. 
Y de repente apareces en mi mente fugazmente y me asusto al pensar que si estuvieras justo aquí, justo ahora, en este sofá, a mi lado y me dieras algo tan simple como un abrazo dejaría de llorar. Entonces, es cuando me asusto porque: 

No quiero volver a pasar por lo mismo y creo que no tengo que dar más explicaciones.