31 de octubre de 2014

Contradicción.

Aunque parezca mentira a veces me cuesta muchísimo juntar las palabras y decir lo que realmente siento. Yo lo admito, soy muy contradictoria. Digo que no quiero algo, pero yo sé en el fondo de mi que en realidad si lo quiero. Y que sí, que sé que está mal pero no lo comprendo o mejor dicho, no lo quiero comprender. Soy de esas personas que por muchos palos que le de la vida, sigue adelante. Puedo agachar la cabeza y llorar, pero termino sacando una sonrisa (ella llora con sonrisas, decían. Y que cierto es). Puede que me esté traicionando a mi misma, a mis valores y a todo lo que dije que no haría. Pero a veces es sumamente difícil ir en contra de tus sentimientos. Intentas ir contra viento y marea, luchar contra aquello que sabes que un día se apagará, pero al final tu corazón gana la pelea, y tienes que terminar cediendo. Pero sobre todo tienes que resignarte a ver como tú misma te conviertes en aquello que dijiste que odiabas. Tú me has vuelto ciega. O bueno, me has nublado la vista, me confundes, pero a la vez me enloqueces. Me haces querer dejarlo todo, pero también me haces querer comerme el mundo (contigo). Ilusa. Gran adjetivo que me define a la perfección. Quiero pensar y quiero creer que saldrá bien, que esto no se acabará tan rápido. Y sé que lucharé contra todos los obstáculos que se me presenten solo para verte sonreír, para que estés a mi lado.
Que gilipollas somos las personas, que siempre queremos aquello que nos hace sufrir.
No sé para que generalizo. La gilipollas y estúpida sin duda alguna soy yo, que quiero lo que no debo de querer, y odio a quien debo de querer.
Pero como he dicho al principio de este texto sin sentido, soy muy contradictoria.
Y hoy por hoy, solo puedo decir que te quiero y te odio.