24 de julio de 2014

Las cosas que no dijimos.

Como duelen las palabras. Pero no esas palabras que la gente suelta por la boca, sin pensarlas solo para hacerte daño. No. No me refiero a ese tipo. Ni siquiera me refiero a los insultos, o a esas voces de mi mente que dicen que soy lo peor de este mundo. Que va. Me estoy refiriendo a esas palabras que no se dicen. A todas aquellas palabras que un día nos callamos por miedo a que cuando las dijéramos todo cambiara... Somos unos putos cobardes. Y por culpa de ello, ahora nos duele. O me duele. Porque realmente soy yo la se ha tragado todas aquellas emociones, sentimientos, palabras, y párrafos que quería decir(le). A veces algo tan simple como un "buenos días", o algo tan complicado como un "te quiero". Y cuando esa persona a la que le querías decir todo aquello se marcha en un tren sin retorno, te arrepientes. Te das cabezazos con la pared y te preguntas a ti misma porque diablos no le dijiste todo aquello que esa persona se merecía escuchar. Y lo sabes, es por el miedo. También por la cobardía, el temor y por el rechazo que podrías recibir sin esa persona te dice que no quiere escuchar aquello que tanto te costo soltar.
Pero que le vamos a hacer. Este mundo apesta, nadie dice ya lo que realmente piensa. Somos hipócritas, la gente sincera y que expresaba sus sentimientos dejó de existir hace bastante tiempo. Eso sí, la gente se suelta parrafadas por Whatsapp, porque allí nada importa. Pero, ¿y cara a cara, qué? Cara a cara nada. No decimos ni una sola palabra. Un día alguien muy lejano a mi en este momento, me dio un buen consejo, "nunca te calles las cosas, di lo que sientes porque si no un día será demasiado tarde y no habrá marcha atrás y ni habrá un botón para salir de la partida sin guardar. Arriésgate." ¿Qué por qué no le hice caso? No lo sé, solo me calle, y dije que las palabras se fueran por mi garganta, por miedo a herir a la gente de mi alrededor, sin darme en cuenta que ya los estaba hiriendo y también a mi misma.
Maldita sea. Como duele. Y sí.
Me
estoy
atragantando
con
las
palabras
que
no
nos
dijimos.

7 de julio de 2014

J.

Cuando escribo en papel algo que llevaba muchísimo tiempo guardando en mi interior, es como si se hiciera más real. Toma más sentido. Es ahí cuando te das cuenta que eso que llevabas escondiendo tanto tiempo, era un pensamiento real, que lo sentías de verdad y que no solo eran paranoias mentales tuyas. O bueno, al menos eso me pasa a mi. Por eso, quiero saber si lo que está haciendo que mi mente sea un caos total tiene algo de sentido, así que voy a escribirlo. Allá voy:
Al principio era una simple amistad, inocente, sin segundas nis malos rollos. Yo en esos tiempos solo buscaba la mirada de un chico y no era él. Era un chico de estatura media, ojos oscuros y cara bonita. Estaba completamente loca por él, por lo que hacia, por lo que decía, e incluso por lo que no decía. Era uno de esos amores, que te ciegan y no te dejan ver más allá de eso. Te vuelven completa y asquerosamente estúpida. Sin embargo, cuando me di el batacazo con el chico de cara bonita, el otro chico siempre estuvo ahí. Él no era un cara bonita, él era mucho más que algo tan superficial como aquello. Pero yo seguía sin verlo, además él tenia novia. Un chica bajita, con pelo castaño claro, con dulce sonrisa y con unas notas excelentes, vamos... como diría yo, una chica casi perfecta. Ella no era mi amiga, es mas, al principio ella no me soportaba y ni siquiera le había hecho nada. Pero con el paso del tiempo, se convirtió en una buena amiga, ni la mejor que tendré ni la peor, pero si que era una amiga que es lo que cuenta. Llegó el verano y yo seguía colada por el chico, pero por el de la cara bonita. Eso hizo, que pasará un verano horrible, esperé un mensaje suyo, una llamada, algo que me hiciera saber que él seguía sabiendo de mi existencia. Pero no ocurrió. Otro batacazo que me di. Parecía que incluso me había acostumbrado a tropezarme con la misma piedra, una y otra vez, en medio del camino. Y además, no fue la última ves que ocurrió. Cuando empezó un nuevo curso, él chico de cara bonita no estaba allí, se había ido. Y yo estuve llorando unos cuantos... meses. Creo. Perdí la cuenta en algún momento. Y cuando me quise dar cuenta, miré al lado mía y allí estaba él (no el chico de la cara bonita, sino el otro, llamémosle "J". Que por cierto, no sé que tengo con las putas jotas, pero me estoy empezando a asustar, me persiguen). Pues eso, que allí estaba J, a mi lado, pasamos unos meses juntos en clase, riéndonos, compartiendo sonrisas, lágrimas y alegrías. Todo. Y poco a poco, se fue convirtiendo en alguien más especial para mi. Me di cuenta de que J, siempre estaba conmigo, y que podía contar con él para lo fuera, porque él siempre me apoyaría en lo que me propusiera por muy difícil que fuera de conseguir. Me dio esperanzas y ganas de levantarme cada mañana, para ver su sonrisa. Él era el primero en abrazarme cuando lloraba, o de hacerme sonreír cuando estaba de mala hostia, incluso estaba ahí en mis días oscuros, para hacerme ver que no todo era malo. Me acompañaba siempre a mi casa, cuando a él no le pillaba de camino para la suya. Nos lo contábamos todos, nos apoyábamos y nos dábamos consuelo en los peores días. Pero un día, todo eso me empezó a asustar, porque entre nosotros se había formado una conexión o unión, o llámalo como quieras, muy muy especial. Pero había un dato muy importante que parece que yo había estado queriendo olvidar: él tenía novia. Y lo mejor de todo, esa novia era una de mis amigas. Sentirme como una mierda, se me quedaba muy corto en aquellos días. Todo se puso más difícil y jodido, y yo solo podía sentirme culpable y la peor persona del universo, cuando estaba con él. No es que hiciéramos algo malo, pero mi interior me decía a gritos que lo quería hacer, por lo tanto, ¿eso se sigue contando como algo malo, no? J no era ese tipo chico que conoces y te entra por los ojos por su gran físico, no, él iba más allá. No era su físico, era su carácter, su actitud y su manera de tratarme lo que hizo que empezará a sentirme atraída por él. 
Un día, recibí unos mensajes anónimos por una red social, que decían cosas tipo: 'estoy enamorado de ti'. Cosas bonitas, y ñoñas, que a mi tanto me vuelven loca. Y era él. ¿Y qué cómo lo supe? Eso es lo de menos, pero yo sabía de sobra que era él. En ese instante, en vez de derretirme más por él. Me enfadé y mucho (sí, soy muy rara, pero eso es otro tema). Aquello que estábamos haciendo estaba muy muy muy mal. Era como estar cometiendo un crimen, donde yo era la principal sospechosa y encima ese crimen iba a dejar a varias víctimas por el camino. Y sabía, muy en el fondo, que yo sería una de esas víctimas. La asesina que se convierte en víctima, que irónico. Pero es que yo sé, que al final el karma te lo devuelve todo. Y con intereses. A partir del día de los mensajes anónimos, entendí que estaba cagándola (como siempre solía hacer con todo). Y supe, que tenía que cortar el hilo que me unía con J. ¿Era algo horrible para mi? Sí. Pero me tenía que joder. Sin embargo, no era solo eso, lo que hizo que quisiera cortar con aquello. Que va. También había otra cosa que era mucho más egoísta que lo que conté ya. Me sentía su juguete, su secretito. Y me dolía, y me hacía sentir como una estúpida, pero sin el "como". Quiero decir, él me estaba diciendo que me quería y que estaba perdidamente enamorada de mi, por anónimo... y eso me mataba. ¿No se atrevía a decirmelo a la cara? ¿O es que se estaba asegurando de que le dijera que yo también le quería, para tenerme asegurada y así, no arriesgarse a perder a la novia por alguien que realmente no le quería (es decir, yo)? Si eso era así como yo pensaba, creo que J era un jodido cobarde asqueroso. Y yo era una puta egoísta, porque estaba preocupándome por algo superficial y por mí misma. Pero es que, ¿si él no se arriesgaba por mi, por qué lo debía hacer yo? ¿Realmente valía la pena? 
Al final, le deje ver con mis palabras, que yo sabía perfectamente lo que él sentía por mi. Pero, yo cometí el error de no decirle que yo también lo sentía. Simplemente callé. Metí mis sentimientos y emociones, dentro de un caja fuerte en mi interior, porque sabía que si me daba por abrirla y soltar todo lo que realmente quería decir, todo saltaría por los aires, como pasa cuando tiras una bomba. ¿Qué ahora estaba siendo la cobarde yo? Pues sí. Y lo sabía de sobra. Pero, estaba cansada de ser el segundo plato de todos, de ser una simple muñeca con la que todos pueden jugar y cuando se cansan de mi, me tiran al estante más alto de la estantería, con otras muchas muñecas sucias y rotas. Así que, aquello acabó. 
No. No acabó nuestra amistad. Pero no era especial como lo era antes. Simplemente éramos unos amigos más. Del montón. Nunca quedamos más solos. Siempre nos acompañaba alguien, como su novia o alguna amiga mía.  Y bueno estareis pensando, ¿cuál es el problema ahora, entonces? Simple. Le echo de menos. Muchísimo. Y me está matando poco a poco. Aquí, justo en este instante, es cuando me doy cuenta de lo cierto que es eso de que como nos gusta lo que no podemos tener. Lo prohibido. Él. J.
Ahora soy ya la que está entre la espada y la pared. ¿Debería decírselo? ¿Debería decirle que me muero de ganas de estar a su lado? ¿O debería callarme y dejarlo estar? Y lo más importante, ¿es solo un capricho mío porque no le puedo tener o realmente estoy enamorada de él?