31 de agosto de 2013

'Cuando no puedes decidir qué hacer, finges ser un personaje de un libro, porque es más fácil decidir qué harían ellos.'

Carnaval. Sí, hablo de Carnaval cuando quedan escasas horas para Septiembre. ¿No os gustaría ser siempre otra persona? ¿Actuar? ¿Dejar las preocupaciones a un lado? ¿Reír a carcajadas hasta que te duela la tripa? A mi definitivamente, sí. No me gustaría que todo el mundo creyera que soy una niña malcriada, incorfomista, egoísta e hipócrita. Pero no es voy a culpar por ello si lo hacéis, la verdad. Porque en parte tengo algo de todas esas cosas. Y me asusta. Me asusta a ver 'vivido' tanto que ahora ya no tengas ganas o al menos de hacerlo en mi vida. Además creo que he sentido tanto, que he dado tanto a la gente, a gente que rara vez se lo merecía, sin recibir jamás nada a cambio, que creo que me he quedado vacía. Que mis putos sentimientos se han desgastado.  Qué curioso. Y sí, ahora mismo, me gustaría de dejar de ser yo, y disfrazarme de otra persona, poder dejar todo lo que llevo conmigo tirado en el suelo, mis lágrimas en mi almohada, y mis sonrisas falsas con todos a las que se las dedique. Estoy cansada de mi historia. De no ser suficiente y por eso me gustaría que fuera Carnaval, porque en esa noche todo el mundo parece feliz. Si pudiera elegir, sería Minnie, una heroína de cómic, una princesa de cuento... no sé, alguien a quién no le doliera el pecho, nunca más. Alguien que pudiese respirar tranquila. Sí, sé que no debería pensar que mi vida es tan mala. Y sí también, a lo que he tenido suerte teniendo un techo en el que vivir siempre y un plato de comida para comer. Pero, ¿y lo demás? ¿todo lo demás que he sufrido y me han hecho sufrir? Eso nadie lo toma en cuenta. Cada uno tiene sus problemas. Claro, claro. Nadie puede hablar de los problemas de los demás, porque no son los suyos y nunca estará en la piel del otro para sentirse igual. Pero bueno, así somos nosotros. O soy yo. Siempre he pensando en los demás, mientras nadie lo hacía por mi. Y os digo que en otra época, me encanta, me encantaba dar, dar y dar sin más, sin pensarlo, solo daba porque creía que algún día algo bueno vendría para mi. Me tragué todas las palabras y todo lo que me hizo daño, pensando en que el karma existía y que algún me lo devolvería todo con intereses incluso. Pero ahora me doy cuenta de que la vida no va así, de que la gente va su por camino y que le importa una mierda a quién pisa solo para subir hasta la cima, la cima de la gente que 'triunfa'. Yo ya no sé que significa esa asquerosa palabra. Creí que lo entendía, pero ahora ya no lo hago, ¿hace falta pisotear a los demás para creerse mejor? ¿Hace falta insultar, agredir, tratar como a la mierda a la gente solo para sentirte un poco mejor con tu vida y tus problemas? ¿En serio? No sabía que la vida era esto. Que el camino hacía el 'triunfo' era así de cruel. Pues yo he desistido y me he decidido que me iré por mi propio camino. Sola, pero dicen que mejor así que mal acompañada. Yo también pienso igual, pero a veces, porque otras sigo siendo la niña pequeña que le asusta la oscuridad, la soledad, que la asusta sentirse perdida, sin nadie... Pero por otra, sé que me gustará más así. ¿Por qué sabéis? Necesito que sea Carnaval, necesito dejar de sentir mi nombre marchitado en boca de personas a las que no les importo, necesito dejar de escuchar voces en mi cabeza diciéndome lo poco que valgo, necesito olvidar todos los problemas que me abruman y me dejan sin oxígeno, necesito dejar de sentir ese miedo atroz todas las noches de mi vida... sin poder cerrar los ojos, porque estoy demasiado asustada para hacerlo. Porque a veces soñar es peor que vivir. Pero también necesito no sentir ese vacío dentro de mi. ¿Sabéis lo que dicen en uno de mis personas literarios favoritos? 'Cuando no puedes decidir qué hacer, finges ser un personaje de un libro, porque es más fácil decidir qué harían ellos.' Gracias William Herondale, creo que hoy seguiré tu consejo. Seré tú.

30 de agosto de 2013

El gran amor de tu vida.

Los libros son como las personas, como la vida, como los amores... Vemos todas las estanterías llenas de libro, sin saber cual coger. Pero de repente uno te llama la atención. Te alzas y lo coges, y ves con orgullo, que tiene una bonita portada y buen título, te gusta al segundo en ese aspecto. ¿Lo de dentro valdrá tanto como lo de fuera? Tienes la esperanza de que sí, de que algo bello por fuera, también lo sea por dentro. Abres sus páginas con ansia y te encuentras abrumada por la historia. Te surmeges en cada una de las frases, intenta saborearlo más, pero no puedes. Es un gran vicio para ti y demasiado difícil sortarlo y seguir leyendo mañana. Quieres más. Y cuando menos te lo esperas, llegas a la última página, cuando la terminas, pasas de página y solo hay una hoja en blanco. ¿Qué? ¿Cómo puede ser que te lo hayas leído tan rápido? Pues sí, así es. Te sientes contenta, por el libro que te ha hecho tanto sonreir, como llorar. Pero es irónico, lo decepcionada y frustrada que te sientes al no haber aprovechado cada letra de cada palabra de cada frase de ese maravilloso libro y sobretodo al que ya se haya terminado sin remedio alguno. Entonces, te encuentras buscando otro libro, otro libro que te llene tanto, que te complete al igual que lo hizo el primero. Entonces, te prometes que el próximo será mejor, que lo aprovecharás y  exprimirás al máximo, cada una de sus letras.  Buscas y efectivamente, ves uno precioso. Lo abres y lees, y entonces es cuando te das cuenta de que no era lo que esperabas, no tenía las mismas palabras que el otro, no te hacía emocionarte, es más incluso te aburría... Lo cerraste y lo volviste a mirar, qué curioso, que bonito por fuera y que vacío por dentro. Sigues buscando, sigues encontrando libros, algunos mejores que otros, pero ya ninguno te devuelve lo que sentiste en el primero, en el gran libro, como te gusta llamarlo. Pero leer otros, no está mal del todo, algunos a veces te sacan una risilla, pero en ninguno de ellos, llorarás de emoción, de alegría, de felicidad... en ninguno más. Es una sensación irrepetible. Empiezas a comprar libros de todo tipo, incluso los bonitos por fuera y feos por dentro, libros de segunda mano que la gente ha desechado, libros aburridos y libros sin letras que vayan a quedar grabadas en tu mente. Y va pasando tu vida, y solo recuerdas un solo libro, una sola gran historia, la primera que realmente leíste y disfrutaste, se pasó rápido, sí, pero aunque fuera por poco tiempo, nunca jamás cambiaría esa sensación fugaz, por otra más lenta y duradera.

29 de agosto de 2013

Muros indestructibles.

Pretendemos que las personas sean como queremos y no puede ser. ¿Por qué? Porque no, es sencillo. Querrás que una persona esté, pero no estará. Es así. Querrás que al decirle 'te quiero', esa persona sienta lo mismo y te diga un bonito y simple 'yo también te quiero'. Pero no. Nadie es como realmente aparenta. Todos tenemos por dentro, castillos y muros muy altos de derribar. Empiezan como dos piedras puestas de forma horizontal y después, cuando ves que la vida te da más palos que flores y corazones, empiezas a poner una piedra encima de otra, y así, es como creas tus propias barreras. Tú eliges, el grosor, la altura, y quien las derribará. Hay gente que sus barreras son bajas, porque aún tienen esperanza en que la gente buena existe. Y sí, señores y señoras, la gente buena existe, pero son los que tienen los muros más altos y fuertes, eso que por mucho que empujes, nunca tirarás abajo. ¿Por qué? Porque esa gente es a la que más hostias le han dado, y todo porque valen la pena y los toman como tontos. Y entonces, la vida, que es muy puñetera (e hija de puta), dice 'esta persona es buena, pongamosle en el camino, algo malo'. Triste, pero cierto. Y por eso cuando sueñas con una persona, piensas que se habrá quedado dormido pensando en ti. Pero no es así. Engañamos. Llorarás pero nunca obtendrás el consuelo de esa persona. Sonreirás, pero nunca conseguirás esa sonrisa de la misma forma. Caerás, pero te tendrás que levantar sola, porque esa persona jamás se arrodillará y te ayudará a levantarte. Les darás consejos, pero la otra nunca te dará uno en serio. Le darás todo lo mejor de ti, pero nunca recibirás nada a cambio. Así somos. Todos con todos, somos crueles. Repulsivos. Asquerosos. Y no nos damos cuenta, de todo lo que podemos llegar a hacer sentir a los demás. Y todo porque algunas personas son así y punto. Nunca busques explicación a algo que no la tiene, a algo que nunca te dará una respuesta sólida. Solo te chocarás con ese muro que tanto incordia, pero que sabes que aunque sea lo que deseas con más fuerza en el mundo, no caerá.

28 de agosto de 2013

'Con la tristeza pegada a los talones'.

Con la tristeza pegada a los talones. Sí, la tristeza, no la muerte. O bueno, más o menos se podría decir que es casi lo mismo. La tristeza al fin y al cabo, te hace morir cada día un poquito más. Te va consumiendo, como el fumar. Como el soñar con cosas que nunca podrán hacerse realidad. Pues así voy, andando por la calle en un día normal. Veo a  la gente a mi alrededor, conversar. Gente. Gente con miedo, gente feliz, gente con preocupaciones, gente solitaria, gente contenta... los miro y me imagino sus vidas. Tú llevas esa cara de decepción porque acabas de pillar a tu mejor amigo y a tu novia follando en tu salón, al lado de la playstation con la que juegas e ignoras a tu novia, que siempre está a tu lado, sin saber que hacer para que despiertes. Y sí, chaval, acabas de abrir los ojos y sé que no te gusta lo que ves, ¿y a quién si? O tal vez me equivoco y simplemente tu cara se debe a que no quedaban donuts en el armario y tienes que bajar a comprarlos, ¿quién sabe? Cada uno se queda con la historia que le hace más feliz. Así vamos. Estoy segura de que quién vea esa chica,  ve a una chica andando sola a unas horas en las que ni siquiera el cielo se ha despertado del todo. Ve a una chica que oculta un gran secreto. Y sobre todo, un gran agujero negro en su corazón. Que lleva guardo en las botas un cuchillo, por si se le aparece uno de esos monstruos con lo que siempre sueña, aunque todos sabemos que dificilmente será capaz de sacarlo y enfrentarse a ellos. Lo lleva, para estar más segura y porque le gusta pensar que tal vez algún día sea lo suficiente valiente, como para estampar el cuchillo en las tripas de algún bicho. Hasta ella prefiere quedarse con esa historia, porque la hace un poquito más feliz y valiente, aunque en su interior sabe que no sería capaz. Que el miedo la pausaría, y la dejaría con los pies clavados en el asfalto. La ven y físicamente, ven a una chica que se ha hecho una coleta cuando sabe que no es la más guapa con ella, que se ha puesto rímel tan solo porque sabe que así no podrá derramar ni una lágrima, pero otra vez eligió la historia feliz, porque si la observas detenidamente, ves que está apunto de llorar y no lo va poder evitar, porque ya todo le supera. Que la ropa que se ha puesto le gusta, pero no le favorece, que hace frío y no ha cogido ni una chaqueta, porque le apetece que el frío cale en sus huesos, hasta que se rompan. Va con uno de sus libros en la mano. Su mejor amigo. Y si puedes ver dentro de ella, verás que siempre lleva papel y lápiz en su bolso porque nunca se sabe cuando le llegará la inspiración. De que el silencio y la soledad son sus mejores aliadas. Lleva unos auriculares puestos y por la expresión de su cara, tendrá que estar escuchando música clásica o la banda sonora de alguna película. Y si miras más profundamente, veréis como aunque la chica esté rota en mil pedazos, aún puede ofrecer grandes cosas al mundo, que aunque le duela cada respiración que toma, puede sobrevivir, porque ella jamás se rinde. De repente, la chica se pone a correr como si la vida le fuera en ello y desaparece. 
Me encantaría que realmente alguien jugará a este juego, el de conocer a las personas un poquito más. Interiormente. Pero como sé que nadie va jugar mirándome a mi, pues he decidido jugar conmigo misma. Y ahí tenéis mi visión hacia mi. Y sí, voy con la tristeza en los talones, pero alguien me dijo una vez, que cuando eso pasará, que cuando sintiera a la tristeza, que saliera a la calle a hora que fuese y me pusiese a correr para que no me pudiera alcanzar. Y así lo he hecho hoy. 

27 de agosto de 2013

Mi cuento de hadas lleno de mierda.

Cada día me demuestras más que no hay que esperar nada de nadie. Tú y solo tú me has enseñado esa valiosa lección. Nunca la olvidéis, es una aprendizaje básico para poder sobrevivir en este mundo plagada de bichejos y monstruos. En fin Serafín. Hoy contaré un cuento de hadas lleno de mierda. ¿Sabíais que el frío no solo te hiela si no que también te quema? Pues sí y creo que eso es otra de las cosas que aprendí contigo. Eras como hielo. Como ese frío de diciembre, de un invierno blanco, que te cala hasta lo más profundo de tu ser y no te deja respirar. Pero sí, por otra parte eras como los rayos de sol abrasadores de pleno Agosto a las dos de la tarde en una playa del Mediterráneo. Hacías que ardiera. Me avivabas. Además de eso, me decías palabras bonitas, me hacías creer en el amor, ¡en el amor! Joder. A mi que solo me importaba ver mi serie favorita todas las semanas y comer siempre que quisiese mi helado favorito, me hablaste de amor, y me hiciste creer en muchas otras cosas, me hiciste soñar con castillos más altos que el cielo, y con velos de novia más largos que los kilómetros que hay de aquí a Australia. A mi que me gustaba estar más sola que acompañada, me hiciste ver que ya nunca más amaría la soledad, ya que amaría cada segundo cerca de ti. Y así lo hice, amé todos los momentos a tu lado. Amé el sabor de tus labios convirtiéndose en mi sabor favorito, dejando mi helado favorito de helado. Amé contar los infinitos lunares de tu espalda, dejando de lado todas las cosas infinitas. Amé cada instante, en el que tu boca, cambiaba, se movía, se ampliaba, para sonreír y parar el mundo para que todo el mundo pudiese observarte. Amé tu forma de mojarte los labios antes de hablar. Amé tu sinceridad desde el primer momento y abrazarte cuando me chillabas o me tratabas como a la mierda. Amé cuando tus manos me cogían y adoraban cada parte de mi cuerpo. Amé más tu forma de caminar, tu espalda, y amé que me hicieras aprender que se podía llorar a carcajadas. Amé tu olor y tu mirada oceánica, tus palabras duras o suaves, amé tus días malos, amé tus decisiones, amé tus virtudes, amé tu risa, amé tus gemidos y jadeos, amé mi nombre de tu boca, amé tus defectos, incluso amé el día que me dejaste y te fuiste, sin más. Amé tu forma de cansarte de mi. Amé todo, absolutamente todo de ti. ¿Y tú? Ahora que estoy contando la historia, no tengo miedo a preguntar, ¿realmente amaría algo de mi? Me arrastré, lloré y supliqué, a él. Porque quererle era lo único que había aprendido con él. Sin saberlo, él me había cegado de todo lo demás, y me fui alejando de la gente, de mis sueños y metas, de la vida, del mundo exterior. Me quedé encerrada en esa historia y cada vez que la recordaba y acababa, volvía a empezar y a recordarla. Y así todo el día. Atascada. Hablando con la luna. Ya me daba igual. Tú eras superior a todos. A mi. Yo te puse delante, incluso de mi misma. Tal vez, deberías haber amado eso de mi, tu forma de anteponerte a todo, siempre eras lo primero para mi. Nada me importaba más que verte aunque fuera una milésima de segundo, algo feliz. No me dejaste crecer. Solo me dejaste llorar en mi ventana, allí por donde tantas noches te dejé entrar a mi habitación, a mi vida, a mi misma. Se me ha olvidado decir, que amé que durante unos escasos minutos pudiéramos convertirnos en uno. Tal vez, eso fue uno de mis errores. Yo creía que todos los días, a todas horas, en todos los minutos y segundos, éramos una sola persona con el mismo propósito, pero ahora cuando cuento la historia completa a alguien, me doy cuenta de que no era así, te recuerdo y lo hago con muchísimos detalles. Cierro los ojos y puedo verte sin dificultades y de ahora sé que tú eras alguien, solo una persona, no contaste conmigo nunca, eras independiente, nunca tomaste decisiones pensando que alguien más caminaba a tu lado para que nunca tropezarás, mientras que ese alguien, ósea yo, siempre caminó sin alguien al lado. Sin ti, mejor dicho. Nunca me salvaste. Me dejaste caer hasta lo más hondo y yo me dejé, porque pensé, que vendrías a por mi, a rescatarme de la oscuridad. Pero no ha sido así. Y recordar todos los momentos contigo, sin que se me escape una lágrimas es imposible. Me hiciste aprender tantas cosas, algunas sin valor alguno y otras, con demasiado valor para poder verlo con claridad hasta hoy. Amé cosas de ti, que quizás algún día podré aprender a odiar, porque eran repulsivas. Nunca debería haberte dejado instalarte en mi corazón, porque eras hielo, y me dijiste que no me harías daño, que solo calentarías mi corazón, que el hielo algunas veces no enfriaba, solo calentaba, lo hizo hasta hace poco, que me di cuenta de que ahora mi corazón está completamente congelado, y que nadie puede hacerlo entrar en calor. (A lo mejor, excepto tú, aunque no sé si querrías que lo volvieras a hacer... o sí, porque como suelen decir,  todos tenemos una faceta de masoquistas y la mía es muy grande.)


Después de contar mi cuento, me doy cuenta de que es increíble y muy estúpido, como hasta hoy, he seguido esperando tu llegada desde mi ventana, te hubiera vuelto a dejar entrar todas las veces que hubieses querido. Que gran idiota que soy. Ya nunca más haré pactos con el diablo (tú) porque es verdad eso de que al final se llevan tu alma con ellos. Amé todo de ti, como he dicho, pero ahora de tanto esperar tu regreso, puedo decir, que una parte de mi, cada día, te odiaba más.
Pero, ya que estamos hablando con total sinceridad,  ¿sabes lo qué odio más de esta historia? Que tú siempre fuiste lo primero para mi, ante todo, eras lo único que me importaba, y tú, sin embargo, nunca me pusiste por delante de nadie, siempre fui tu última opción, el puto último plato que finalmente como estás tan lleno que te lo terminas dejando a medio comer o sin ni siquiera haber probado bocado. Eso fui para ti. Nada. Y lo odio porque un día creí que podías llegar a querer a alguien, además de a tu estúpido ego y me equivoqué. Y duele. Pero espero que eso de que de los errores aprendes, sea verdad.


Las mismas historias de siempre.

La rutina. La misma mierda de siempre. Repetición. Lo odias, pero nunca lo cambias, porque realmente te da miedo. Los cambios asustan. Te tiran para atrás, como un día de viento y diluvio. Esperas que algo por arte de magia cambie el rumbo de tu vida. Pero no ocurre nada y entonces te preguntas por qué coño sigues creyendo en la magia, cuando nada ni nadie, te ha demostrada que vale la pena creer. Te sientes estúpida. Te sientes ruina. Ruina como Roma. Pero dicen que a veces y repito, solo a veces, las ruinas son bonitas y gustan. Pero hay muy pocas posibilidades que lo que queda de mi, atraiga a espectadores. O bueno, visto de otra forma podriamos decir, que atraería a gente pero no para ver las hermosas vistas de algo que ha estado durante años ahí, sobreviviendo aunque tal vez con bastantes grietas, si no solo irán para ver como poco a poco se va derrumbando más y más, hasta que al final todo desaparece y se convierte en una hermosa nada. La gente y su afición de ver a los otros caer y hundirse. Que sádicos, crueles e imbéciles. Volviendo al tema de la rutina, he de decir, que me aburro de todo esto. De esperar. O esperarte, quién sabe lo que realmente estoy haciendo. Porque unos días pienso que simplemente estoy esperando que la vida me de algo de lo que disfrutar, pero otras pienso que ya lo tengo, o bueno no de forma literal, si no que lo puedo llegar a tener algún día, porque tú eres increíble y tal vez, por esa razón esos días lluviosos no haga más que esperar(te). Soy una hipócrita, quiero que llegue algo por si mismo, cuando sé que es algo con pocas probabilidades de ocurrir, y por eso señores, dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Típico. ¿Pues sabéis lo qué pienso? Que ojalá fuera lo primero que se largase, porque sin esperanza desde el primer momento, no habrían tasas tan altas de desilusiones en todo el puto mundo. Pero no. Nosotros, yo incluida, no somos así, seguimos creyendo en magia, en que la rutina un buen día cambie, en que la gente empiece a escuchar más que hablar y en que aparezcas. Pero como ya todos hemos podido comprobar, las cosas no van así. No son tan fáciles. Todo tiene precio. Todo cuesta algo. Esfuerzo, dinero, lo que sea. Pero en esta época, nada, créeme nada es gratis, todo te lo van a cobrar tarde o temprano, incluso con grandes intereses, hasta que acabes arruinado. Y en ruinas. Y vuelta a empezar. Por lo tanto, mi conclusión es que soy una ilusa e hipócrita (como he dicho antes, sí, me repito más de lo que me gustaría) y que como no me mueva de esta jodida cama bañada en mis lágrimas, todo seguirá igual. Sé que tengo que levantarme y salir del oscuro. Y hoy, puedo decir que creo en la magia, pero no está hecha para mi, por lo tanto, solo me puedo decir: Adelante María, tienes y puedes hacerlo. 

23 de agosto de 2013

'Tanto han maltratado mi sonrisa, que en este momento, hasta los golpes de suerte me duelen'.

Es curioso como llegas a ese punto, a ese momento, a ese instante, en el que ya todo te da igual. En el que no sabes exactamente como van las cosas. Solo sabes que van. Y que las personas tan pronto como llegan, se largan sin explicaciones. Y en estos casos, no hay nada que tú puedas hacer. Ves como la gente que te 'quería' se marcha, se aleja, ni adiós ni ese tipo de mierda a la que llaman despedida. ¡Despedida! ¿Y eso qué es? A mi no me vengas con sentimentalismos. Si te vas, es para no volver, y mucho menos para decirme que no es por mi, sino por ti. ¿Existe un excusa más falsa que esa? Lo dudo. Ya estoy lo suficiente jodida, como para que vengan a compadecerse de mi.
¿Sabéis? En este punto de la historia, no tengo ganas de sentir nada de nada. Necesito liberarme. Expulsar todo el dolor y no tener más sentimientos. Los sentimientos solo están para estorbar y obviamente para demostrar que somos humanos. Pero ¿ahora que más da? A nadie jamás, le ha importado lo que yo haya sentido o lo que haya dejado de sentir. Siempre es en plan de 'ah, esta tiene sentimientos, voy a reírme de ella un rato, entrando en su vida, haciendo como que me importa algo y después sencillamente escupiré en sus malditos sentimientos'. Estoy harta, cansada, disgustada, enfadada y desilusionada. La vida, los sentimientos y pensamientos no son como los pintan. Apestan en modo literal. Yo ya estoy agotada de ser la gilipollas que no duerme por tenerlos, por pensar, por sentir. Como me gustaría que existiría algo que te hiciera despojarte de sensaciones, de estos sentimientos perturbadores, puede que no sea justa, que sea egoísta o egocéntrica, pero en este punto, me da igual. Me da igual todo. Lo que piensen de mi, lo que digan, lo que ellos sientan. Me resbala. Ahora, en este instante, por primera vez en mucho tiempo estoy pensando en mi. ¡En mi! ¿Y sabéis lo qué pienso? Que doy pena, tristeza, odio y que eso como sentimiento que es, me gustaría poder tirarlo a la basura y después prenderle fuego. Y que ojalá pudiera chasquear los dedos y cambiar el rumbo de las cosas. Porque cada vez que abro los ojos, veo mañanas, cielos, habitaciones, gente, pensamientos, cosas, sentimientos... infinitos, y sí, me asustan. Me asustan como a una niña pequeña un objeto extraño que ve por primera vez. Ahora pueden tocarme, hablarme, escucharme, dejarme, apoyarme, pasar de mi o lo que ellos quieran, pero yo ya no siento nada. No porque me hayan liberado de mis estúpidos sentimientos, sino porque me han hecho tanto, 'tanto han maltratado mi sonrisa, que en este momento, hasta los golpes de suerte me duelen'.

19 de agosto de 2013

Soñar.

¿Dónde tengo que firmar para poder morderte la boca? ¿Y para arañarte la espalda? Cada noche sueño con lo mismo. Se repite. Y me encanta. Me encanta soñar lo cerca que estamos, porque es tan real, que puedo sentir tu piel abrasando a la mía, incluso huelo al jabón que usas. Estás tan cerca de mi, que siento que nuestros corazones bombean al compás, que están hechos uno para el otro, para completarse, para sonar juntos, para no separarse jamás. Como un puzzle. Somos eso. Un instante. Donde puedo ver otra vez tu sonrisa dirigiéndose a mi, donde puedo perderme en tus ojos café, y escuchar tu voz que me hace suspirar. Creo que incluso puedo escuchar tu risa desde este lugar. Puedo ver como primero me agarras por el brazo y suavemente desciendes por el, acariciándome, hasta llegar a mi mano y después, entrelazas nuestros dedos. Puedo verlo, puedo sentir lo que desprendes. Lo que me impregnas. Esa jodida sensación que recorre todo mi cuerpo, de pies a cabeza, cuando me abrazas tan fuerte, que hasta se me olvida como se respira. Pero no me importa, porque tú me das tu aire. No me dejas caer. Me sujetas. Estás conmigo. Subo mi mano por tu mejilla y noto como aún no te has afeitado, te echaría la bronca, pero ahora no quiero eso, porque aún te riña por eso, me encanta el tacto de tu mejilla sin afeitar. Tocar tu pelo y revolverlo aunque lo odies más que nada, como mi hobbie favorito. Y tu tirarme de las mejillas, mientras yo me quejo pero tú me tranquilizas poniendo tu cabeza en mi pelo, donde me das un cálido beso y yo me apoyo en tu pecho. En mi hogar. Vuelve esa sensación. De querer aislarme en ti. De entrar sin tener que salir, pero solo si es contigo. De verte y sin ninguna razón sonreír, o bueno miento, yo si tengo una razón para hacerlo, ahora si lo sé, esa razón es tan simple... tú. ¿Qué más puedo necesitar? Tu voz es una gran banda sonora, pero si puedo elegir algo que escuchar durante el resto de mis días, elegiría tu risa. No me importaría morir escuchando solo ese sonido. Y si tengo que elegir un lugar para acabar mi paso por aquí... serían tus brazos, abrazarte, besarte, es lo que me da calma, seguridad y lo mejor, me recuerda a que tú eres mi casa. La única en la que me sentiré en paz. Me siento tan a gusto acariciándote, como lo estoy haciendo ahora, encima tuya, besando tus labios carnosos, mordiendo tu labio inferior y el lóbulo de tu oreja, aferrándome a ti mientras te araño la espalda. Después, abro los ojos y me choco con la dura y congelada realidad. Es un sueño. Todo es un sueño. Pero me gustan los sueños, y más si tú estás en ellos. Por eso, me gusta cerrar los ojos e imaginarme un mundo a tu lado. Aunque no lo pueda tener. A veces es mejor soñar.

Siempre imperfectos.

A veces las cosas simplemente no salen como queremos. Se tuercen. En todos los sentidos. Además de tener al mundo en nuestra contra, estamos nosotros mismos, que lo estropeamos, lo hacemos más difícil, ¡como si no tuviéramos ya poco con las malas jugadas de la tierra y de los demás! Que contradictorio. ¿Por qué querríamos hacernos daños a nosotros mismos? Sinceramente, no hay respuesta. Es solo que estamos hechos así, y he de decir, que como invento (si es que alguien realmente nos ha creado, lo cual, dudo mucho) somos una completa una mierda. Siempre he pensando que el ser humano deja mucho por desear. Si "quien" nos creó, en el primer momento, se dio cuenta de que no funcionábamos como debíamos, ¿por qué dejarnos seguir adelante? Pues bueno, yo no tengo respuesta. Simplemente tengo opinión, y creo que lo hizo para joder. Para joder y para que no fuera tan aburrida. Dicen que la vida es eso, equivocarse, aprender de los errores, seguir adelante, fallar, ganar o perder. Porque si fuéramos perfectos, ¿habría algún reto al que enfrentarnos? Nos lo daría todo hecho y no valoraríamos ni no esforzaríamos en mantener algo. Simplemente lo dejaríamos pasar, seríamos conformistas y estúpidos. Tal vez es mejor así, somos como somos. Sí. Complicamos las cosas, sacamos de quicio y en escasas ocasiones hacemos algo bien. Pero la vida y nosotros mismos, consistimos ni más ni menos en eso, en vivir, a nuestra manera. A nuestra jodida manera. No tenemos los mismos ojos, por lo mismo jamás estaremos de acuerdo en todo, enfocamos la vida de maneras diversas, nos confundiremos y crearemos nuevos sentimientos jamás experimentados. Por eso vale la pena ser imperfectos. Me gusta más eso, que la perfección. Si puedo votar algo, voto por ser siempre imperfectos. 

16 de agosto de 2013

Diferencias aplastantes.

¿Cuándo algo te supera de verdad, qué es lo que hay que hacer? ¿Levantarme sin más y andar hacia delante? ¿Incluso cuando tienes continuamente la sensación de que alguien quiere asfixiarte, hasta ver tu cuerpo sin vida? He perdido todo, mis sueños, mis metas, mis ilusiones, mi risa, mi sonrisa, mi forma de ser y de actuar, mis recuerdos, las razones de seguir viva o al menos de querer seguir vida, la fuerza, y aunque dicen que la esperanza es lo último que se pierde... yo ya la ha perdido. Por lo tanto, ¿vale la pena levantarse?
Todo el rato me siento como si estuviera en medio de una carretera, sola, con la luz de la luna y la compañía de las sombras. El ruido de viento chocándose con los árboles, incluso puedo escuchar mi propio corazón, bom bom bom bom... ese sonido es irritante, tanto como el tic tac de un reloj antiguo. Aún tengo sangre en las venas, aún tengo un corazón que puede seguir latiendo y no está hecho añicos, solo puede que esté magullado, y con más de una grieta. Al igual que mi cuerpo. Está cansado, débil, pero ni derrotado del todo, ni muerto. Puedo darme cuenta de que mis pies están bien anclados en el asfalto, siento mis rodillas doblarse y siento como me caigo, a cámara lenta, como cuando en una película la cámara se acerca poco a poco a los dos protagonistas, para que los espectadores podamos ver bien su reencuentro, la chica choca con el cuerpo del chico rubio alto, que después de mirarla a los ojos, la coge al vuelo, mientras la chica morena enrosca sus piernas en la cintura de su amado y se dan un cálido y reconfortante beso. Lo diferente de mi situación, es que ya no soy una espectadora, soy la protagonista desgraciada, y habrán otros que vean como me desvanezco y esto, no tiene una pizca de reconfortante o cálido, al contrario, es desolador y frío, espeluznante. Abro mi boca para intentar pero no consigo nada, mis cuerdas vocales si que están rotas debido a todas mis anteriores súplicas sin respuestas. Creo queme han hecho un favor, así no tendré que gritar a nadie, a la nada, eso es más humillante. Pedir ayuda y que nadie te la de. Por lo tanto, grito pero solo expulso silencio. Mis ojos se vuelven como el cristal roto de un vaso que toca el suelo, y al mismo tiempo que empiezo a llorar, puedo ver como cae agua del cielo. Está lloviendo y yo estoy simplemente recostada en una carretera en medio de la nada y lo peor, no hay nadie. O puede que me equivoque. Lloro buscando un poco de compasión, de afecto de alguien, que nunca te a volver a ver, que nunca jamás sabrá que has pasado por esto. Lloro, aunque tú no lo sepas. Pienso en si, aunque tú no lo sepas. Sufro, aunque tú no lo sepas. Doy todo por ti, todo, aunque tú nunca lo sabrás.
Unas luces demasiado brillantes, me ciegan cuando menos lo espero. Pongo mi brazo para cubrir esa luz que me hace daño. Oigo el ruido de un motor. Sí. Es un coche a más de doscientos kilómetros por hora y puedo asegurar con certeza que se dirige hacía a mi, que me había visto y que no va a girar violentamente el volante para esquivarme. Claro que no. Me va a atropellar. Me va a aplastar. A quitarme la vida. ¿Por qué haces esto? esa pregunta recorre escasos segundos mi mente, hasta que el momento va acercándose lentamente. Pero no me encojo, ya ni siquiera lloro, solo espero que llegue y acabe con toda esta mierda.
Tú eres capaz de conducir ese coche. Y de matarme. 
Y yo soy capaz de morir por ti.

Y ocurre. Todo acaba. 


(Esta es la diferencia entre tú y yo.) 

13 de agosto de 2013

Buenos días.

Notaba su pecho encima del colchón, subiendo y bajando. Su corazón latiendo. Veía su pelo despeinado de un color más claro del habitual, debido a los rayos de luz de la mañana que entraban por la ventana. Su espalda llena de lunares, que había contando infinidad de veces... Su boca y sus labios, siempre habían sido tan acogedores para mi, me habían recibido tantas veces con tanto anhelo, con desesperación, con rabia, con furia, con amor,con dulzura, con cariño, con salvajismo. Así había estado más de media noche, observando su manera de dormir, mientras pasaba mi mano por su espalda. Caricias en la espalda. No quería dormir, si él estaba conmigo. Quería verlo. Antes de que fuera demasiado tarde. No me quería perder ni tan solo un suspiro suyo. Admirarlo. Detén los relojes.
Acerqué mi cara a su boca, ¿por qué perder la oportunidad? Era algo estúpido. Pase mis labios por los suyos, rozándolos, simplemente una suave caricia. Lo había notado, lo sabía. Me separé poco a poco y me incorporé en su cama, justo cuando él abrió del todo los ojos. 
-Buenos días.- dijo al verme. Su voz. Su voz hacía que se me acelerara el corazón. Me da igual lo que dijera, siempre que me lo dijera a mi. Ya no eran sus 'buenos días pequeña'. pero eso no importaba ya. Estuvimos en silencio, manteniendo la mirada uno en el otro. Otra vez. Detén los relojes, por favor. - ¿Qué haces aquí? -preguntó-. 
-No lo sé -respondí lentamente, con un fino hilo de voz. Y después solo pude suspirar.- 
-Te he estado buscando. No dabas señales de vida.
-Ya. 
-¿Ya? ¿Sólo vas a decir eso? Joder. ¡Joder! -gritó mientras se ponía delante mía sentando en la cama, como yo y me miraba muy fijamente. Estaba enfadado, decepcionado,y muy dolido, pero eso ya lo sabía antes de venir aquí, incluso antes de desaparecer.- 
-Necesitaba verte...
-Yo he necesitado verte durante todo este tiempo. Esta es la primera noche que he dormido mientras no estabas ¿sabes? Desapareciste, no cogiste las llamadas, no decías nada a nadie. Era como si la tierra te hubiera tragado. -
-Ojalá lo hubiera hecho. -notaba mis ojos cristalizados, pero me reprimí las ganas de soltar lágrimas innecesarias por ahora.-
-Para. Para porque me están haciendo polvo. En realidad, ya me lo has hecho. Cuando te quisiste ir de mi vida, lo hiciste. Me destrozaste. ¿Por qué? No lo entiendo. ¿Tan mal te traté? ¿Tan mal te hacía sentir? Podías a verlo dicho, al menos a donde ibas. Darme una explicación. Pero no. Tú no. Tú no haces esas cosas. Simplemente te vas y me dejas aquí. Solo. Sin ti. Sin parte de mi vida. Sin parte de esto -dijo señalando su corazón- Eres idiota, ¿sabes? Pero¿sabes otra cosa? Yo lo soy más. Porque me acostumbré a ti. A tus manias y a tus costumbres. A dormir abrazado a ti aunque fuera hiciera 30 putos grados. A que tardarás más de hora y media en prepararte, incluso para salir a comprar el pan. Me acostumbré a ir contigo a todos los sitios, rodeándote de la cintura. Al olor de tu pelo. A esperar media hora en la acera en frente de tu casa, porque eres lo más impuntual que existe. A que las noches que no pasábamos juntos, me llamaras  a las tres de la madrugada. A tus chistes malos. A tu manera de reír. A tus abrazos cada vez que me notabas triste. A que me despertarás saltando encima de la cama, y tirándome almohadas encima. A tus enfados. Me acostumbré incluso a tu manera de mover la pierna cada vez que estabas nerviosa, o a esa media sonrisa pero con ojos vidriosos que pones cuando vas a llorar. Sabía que tu café favorito, era simple, con leche y media cucharada de azúcar, porque si no, no sabía a café. A ir contigo por la calle y que chillarás como una loca, mientras saltabas, y hacías que todos nos mirarán. Me acostumbré a tantas cosas. A tu sonrisa, a tus ojos, a tu pelo, a tu olor, a tu voz, a tus manos, a tus caricias, a tus labios suaves y rosas, a tus besos de 'amigos' como a veces lo llamabas... -sin poder remediarlo más me eché a llorar como una niña pequeña. Dios. Me había quedado sin palabras- 
-Sí, así me he sentido yo sin ti. Llorando, sin poder decir absolutamente nada. Lo bueno, es que estás aquí, aunque me hayas hecho daño -se acercó a mi, hasta quedarse a centímetros.- te necesito. Y sé que tú me necesitabas también a mi, sino no estarías aquí.- empezó a quitarme las lágrimas con besos por las mejillas, me besó los pómulos, la nariz, la barbilla, la sien, bajó a mi cuello y también me beso por allí. Lo cogí de pelo, y lo acerqué más a el. Cuando separó los labios de mi cuello, le levanté la cabeza y cogí su cara con mis dos manos y lo acerqué más y más y más y más... a mi, besé las comisuras de sus labios, dibujé el contorno de ellos con mi lengua, y después los rocé como había hecho hacía un rato, mientras dormía. Fue suave, hasta que él, pidió más tocando mis labios con su lengua, entonces abrí mi boca, y dejé paso a que nuestras lenguas empezarán a jugar, a crear una guerra, donde quedarían empate. Sus manos me recorrieron sin preámbulos y empecé a temblar. Él hacía este efecto en mi. Nos separamos para coger aire, despegando nuestros labios suavemente. Pero yo no le solté la cara, nuestras narices estaban juntas, al igual que nuestras frentes.- 
-Me fui, porque estaba asustada. -mentí, bueno en realidad, era en parte cierto. Pero por ahora, no le podía decír el porque.- Sé que vas a preguntar porque, pero eso ahora ya no vale la pena -le acaricié la mejilla con un dedo, mientras aún sostenía su preciosa cara.- Yo...
-Te quiero.- esas dos palabras que me interrumpieron, hicieron que me quedará paralizada. No es que nunca me las hubiera dicho, pero antes no eran así. No habían sido tan sinceras como ahora, antes eran te quieros de amigos, sin el sentimiento tan fuerte que he sentido en el corazón cuando las ha pronunciando...dios, ¿qué ha pasado? Mis pensamientos fueron callados cuando sentí otra vez su boca sobre la mia y sus manos quitándome la ropa y haciéndome estremecer. Él me hacía respirar otra vez.

Detén los relojes... 


M.

12 de agosto de 2013

Sin título.

Día de melancolía. De recuerdos. Donde tu máxima meta es alzar el brazo y acariciarle la mejilla, como antes solías hacerme. Cogerte de la mano y notar tu calor en mi. Sentir que todo va estar bien, simplemente oyendo tu respiración. Día donde la banda sonora es tan simple y dulce como tu canción preferida tocada a piano. Donde las lágrimas se convierten en nuevos sueños, que se hacen realidad. Caricias en la espalda que te hacen cosquillas. Donde su sonrisa es la dirige el mundo entero, hace que se acaben las guerras y  hace que los pobres no sean tan pobres. Que su risa, haga que todo el mundo pare por unos segundos, igual que cuando éramos pequeños y jugábamos al 'pollito inglés' y cuando tu amigo se daba la vuelta, tú te quedabas como una estatua, casi sin respirar. Pues igual. Él consigue que mi mundo no gire tan deprisa, que frene un poco y me haga sentir que aún estoy viva. Sus ojos ven un mundo mejor. Y todo lo que toca, hace sea mágico, porque desprende tantísima magia que a veces hasta deslumbra. Que todo lo que quieras, es poner la cabeza encima de su pecho y escuchar su corazón latir, porque si está él en el mundo, todo es mejor, más fácil. Las montañas no son tan altas, se pueden escalar y subir hasta la cima para poder admirar las vistas. Hoy es el día en el que quiero solamente que vuelva a mi vida. Que me haga sentir otra vez, todo. Replay. Repetir. Volver. Revivir. Porque ahora que no está, el cielo se ha nublado y está a punto de ponerse a llorar. Exactamente como yo.
Porque mis lágrimas ya nunca más van a ser sueños hechos realidad, van a ser sueños aplastados. Van a ser mares donde gente inocente naufraga. 
Sin él, la magia no existe. 
Y muchos menos, existo yo. Solo seré un persona más, que por dentro está rota en mil pedazos. 
Como todos.