25 de abril de 2013

Replay.

Llego a casa. Cansada. Derrotada. Otro día más. O menos, según por donde se mire. Tiro mi mochila en mi habitación, cojo ropa cómoda y voy directa al baño. Allí me miro en el espejo durante largos minutos. ¿Quién es esta persona? ¿Qué han hecho conmigo? Me pregunto constantemente. Menudo mierda, pienso. Antes de que se me escapen las lágrimas por quinta vez del día, decido respirar hondo y mirar para arriba, para evitar que las lágrimas caigan, pero no es así, ha sido una peor idea, ahora las lágrimas caen con más pendiente, caen como cascadas. Y siento que me duele. Que ha llegado un puto momento, en el que todo me duele. Y si me tocan, me voy a terminar por derrumbar. Que los muros que construí a mi alrededor ya no existen, que estoy en una guerra continua. Que mi sonrisa está debilitada. Muchísimo. Y que mis enemigos han conseguido su propósito, hacerme caer. Otra vez. Me pasó el dorso de la mano por los ojos y me vuelvo a mirar al espejo. Genial, ahora soy un mapache con nariz rojo, como Rudolf. Nada puede ir peor ya. Me quitó mi ropa sucia y la tiro al cesto de mimbre, con fuerza, haciendo que se vuelque y tire las demás prendas que habían en su interior. Paso. Ya lo recogeré, o no. Me pongo mi ropa cómoda, y me lavó la cara. Quitándome los restos del poco maquillaje que me quedaba. Me hago un moño despeinado y salgo del baño. Otra tarde más de mierda, que me espera. Como todas. Estudiar. Pero cuando me siento en la mesa, con mis libros encima de ella y plagado todo de números y letras que no me serviran nunca para nada, sé que no voy a concetrarme en toda la tarde y que mañana para el examen no me sabré ni una palabra. Me pregunto porque en el instituto no nos enseñan, sobre que hacer en estas situaciones. Situaciones de mierda. Situaciones límite. Situaciones en las que ya no sabes que más hacer, para poder seguir adelante. Situaciones perdidas... Ahora sin embargo, no lloro. Pero no puedo evitar escribir en un papel lleno de garabatos, '¿Y a quién coño le importo yo?' en grande, letras extra grande. Y a bajo una respuesta, de un tamaño un poco más pequeño, 'a nadie'. Aquella pregunta y respuesta, siguen dando vueltas en mi mente, haciéndome sentir mareada. Ahora creo que si que estoy llorado, ¿por qué a mi? ¿por qué me ha tocado vivir esto? Ahora ya no hay respuestas sólidas. Solo agua salada cayendo de mis cuencas oculares, llamadas ojos. Como siempre. Siempre se repite la misma historia, una y otra vez. Replay. Replay. Y más replay. Un replay constante, un disco rayado, tal vez. Pongo mi cabeza encima de mi hoja con aquella pregunta que siempre tendrá aquella puta respuesta, pero esta vez la tinta se va corriendo por haberla inundado de lágrimas.

Miedo.

Que poco sabemos de la vida, del amor, de los verdaderos problemas. Y sin embargo, cuanto fingimos saber, cuantas veces asentimos con la cabeza cuando realmente no estamos de acuerdo con ello, o cuando hemos dicho 'no' queriendo decir un rotundo y profundo 'sí'. ¿Qué puedo decir? Yo soy de esas personas. Dicen que es porque tienen miedo a enfrentarse con la verdad. Y puede que sea así. Antes estaba completamente aterrada. Tenía miedo a todo. ¿Y quién no tiene miedo alguna vez de algo? Es natural, una persona que llora es porque tiene sentimientos, ¿no? pues una que tiene miedo, es por eso mismo, porque es humana, de carne y hueso, piensa y también tiene sentimientos. El miedo nunca fue malo. Lo tenemos como algo horrible. Y no es así. Tener miedo no es malo, tal vez, tampoco bueno del todo. Pero es intermedio. Se puede tener miedo, lo que no se puede hacer es dejar que siempre sea él quien te domine a lo largo de tu vida. Porque entonces no tendrás nada, no conseguirás nada, solo te quedarás atascada ahí, en ese miedo y terror continuo que no te dejará cerrar los ojos por las noches. Si tener un poco de miedo a algunas cosas, es ser cobarde, o débil, sí, soy una cobarde y débil. No me siento una persona inferior por decirlo. Es más, creo, que quien realmente lo admite es porque es mucho más valiente de lo que se cree. El más valiente de todos. Porque el cobarde es el que llora con la cara tapada, y el valiente con la cara destapada. El miedo viene con nuestra persona incluida. Por lo tanto, cariño, si decides quererme, decides querer a mis miedos 'estúpidos', como tú los sueles llamar. Esa es la condición. No es algo que se pueda evitar. Y en mi opinión, creo que es lo que todos deberíamos decir a las persona que nos quieren, esa palabras, 'el miedo se viene conmigo, tienes que aceptarlo'. Eso sí, quién sabe, a lo mejor llega alguien que te sorprende más que nunca, diciéndote 'yo te ayudaré a enfrentarte a todos tus miedos'. Cuando eso suceda, créeme, esa persona es la correcta. Quédate con ella.

2 de abril de 2013

'Eran el uno para el otro...'

-¿Qué te pasa?
-¿Que qué me pasa?
-Sí.
-Nada.
-¿Cómo qué nada?
-Como que nada.
-¿Por qué coño eres así?
-Lo siento, no puedo cambiar.
-Ya lo sé, te conozco demasiado bien, eres una cabecita loca. Risueña, alegre, nunca deja de sonreír. Y sé que ahora te pasa algo. -y la miro fijamente a los ojos y ella a él-
-Me pasa que me duele. -y una lágrima se derramó por su mejilla, pero ni en ningún momento, le quito la mirada a los ojos del chico.-
-Dímelo.
-Me duele que no estés aquí. Conmigo. A mi vera. Dándome calor, regalándome sonrisas de las tuyas de esas que me dejan sin respiración. Te quiero. En mi cama, a poder elegir, o en mi sofá. Tumbado. Apretándome. Besándome... pero sé que eso no puede ser, que tú la quieres a ella, que es a ella con la que hablas todo el día, en la que piensas, a la que te follas, con la que sueñas, a la que besas, a la que llevas de la mano a todos los sitios, a la que tu familia conoce, a la que duerme al otro lado de tu cama, la que ve películas contigo, la que te escucha, la que te apoya, la que está ahí siempre, a la que le dedicas sonrisas, a la que le dices buenos días y buenas noches, y es la persona que darías todo por ella. Y no por mi. -y finalmente bajó la cabeza-

Pero fueron escasos los segundos que miró al suelo, él cogió su mentón y levantó su cara llena de lágrimas. ¿Cómo había sido tan jodidamente estúpido? Estaba ahí delante. Es cierto, él no la quería. Porque eso a él se le quedaba corto. Y no había querido darse cuenta de aquello. Siempre la había necesitado. Su voz interior siempre le decía, 'es ella, en realidad', pero siempre la hacía callar. Le miró y le sonrió. Era preciosa. Y ella le quería a él. Y él a ella.
La besó dulcemente. Salvajemente. Eran el uno para el otro.