15 de diciembre de 2013

El mundo sigue girando.

Estaba donde siempre. En aquel cuarto cerrado a cal y canto. No sabía distinguir el color de las paredes. Las canciones tristes eran la banda sonora de su vida, se sabía todas y cada una de ellas, sin excepción. Su almohada había guardado todas aquellas lágrimas inocentes, incluso todas sus súplicas y desahogos estaban dentro de esa almohada. Siempre se proponía respirar hondo, mirarse al espejo, y salir de aquella habitación que le producía claustrofobia. Pero nunca lo lograba, era demasiado esfuerzo para ella. Ella siempre se había propuesta cosas a lo largo de su vida, pero un día se dio cuenta de que nada salía como ella quería y tiró a la basura todos sueños, sin más. Se rindió porque estaba cansada de ser la única a la que todo le iba sumamente mal, cuando ella no había hecho nada malo a nadie. Incluso recuerda aquella vez en la que lloró en público, perdió toda su dignidad, pero en aquel momento no le importaba, solo quería llorar hasta ahogarse en sus propias lágrimas.
-¡Te estás jodiendo la vida, para ya! -gritó ella, pero es que como si hablará con las paredes. Él era solo un objeto puesto en una sala gris, ni sentía ni padecía.
-Está es mi mierda. No la tuya. -contestó mirando a punto fijo. Le sorprendió que le hablase, hacía mucho que no decía algo con sentido. 
-Es mi mierda también y lo sabes perfectamente. 
-Tú eres con quien follo, cuando no tengo a nadie más, ¿eso te da algún derecho a decirme lo que tengo que hacer? -ella no supe que decir después de aquello. Solo sabía que no se iba a permitir el lujo de llorar, él no sabía ni lo que decía. 
-Eso no es cierto. -articuló, mirándolo fijamente aunque sin ser correspondida. 
-Si es cierto, solo que tú no lo quieres creer, porque te has ilusionado. Te dije que no lo hicieras. No eres ni mi novia, ni mi hermana, ni mi amiga, no eres nadie para mi. Vete. -lo dijo todo tan rápido, que ella creyó por un momento que solamente lo había imaginado. Pero después de unos segundos de silencio, se dio cuenta de que aquellas palabras si que habían salido de su boca. Ella se acercó más a él, le tocó la mejilla y acto seguido, le acarició. 
-Tú no eres así. Tú no eres esto. Tú me quieres. - y entonces, él por fin la miró. Ella sintió como le temblaban las piernas, como la primera que le vio. Era inevitable. -Déjame decidir a mi. Déjame quererte y cuidarte. Puedes salir de esto, yo voy a estar contigo. -dijo despacio para que él pudiera procesar todas las palabras que decía. 
Entonces, ocurrió algo inesperado para ella. Él la empujó, tan fuerte que cayó para atrás, dándose un golpe en la cabeza. Antes de caer inconsciente, lo último que vio fue su cara y una lágrima que caía por su mejilla, aunque a lo mejor simplemente ella ya estaba soñando... Cuando se despertó, estaba en medio de una multitud de gente, preguntándole si estaba bien. No había tenido la suerte de sufrir amnesia ni nada parecido. Ella podía recordar todo lo ocurrido. Y dolía, dolía tanto, que se puso a llorar como una niña pequeña con un arrebato. Lo curioso es que ella jamás había llorado delante de nadie, después de los siete años. Ni siquiera delante de su madre... 
Ahora, después de tanto tiempo, ella seguía recordando aquel momento como el que la hizo encerrarse bajo llave, en sí misma. Hacía mucho que no salía de allí. Hacía mucho que no le buscaba. La última vez fue dos semanas después de aquello, ella recorrió todos los malditos lugares dónde había estado con él, donde se habían dicho 'te quiero' susurrándoselo al oído, incluso fue a los lugares donde se habían peleado y después se habían reconciliado... buscó por todas las calles de esa puta ciudad fría, sin encontrarlo. Se sentó en su banco y pensó que hasta aquí había llegado su límite, cuando llegó a casa, no dijo nada, solo se metió en su habitación, se encerró y no volvió a salir.
Ahora, creía que estaba preparada para dar un paso adelante... se vistió y salíó de allí... sus padres la miraron sin creer lo que estaban viendo, su madre se puso a llorar y a su padre no le salían las palabras. Cuando salió por la puerta a la calle, ninguno de los dos la pararon, no querían retenerla. Ella fue a su sitio preferido en el mundo. Dónde se dieron su primer beso. La sorpresa fue que él estaba allí. Pero besando a otra. Ella solo miró, y cuando él se percató de su presencia, se alejó rápidamente de la chica y se acercó a ella corriendo, como si el mundo y el tiempo se estuvieran acabando. Él se puso delante de ella, tan cerca que incluso sus narices se tocaban, pero ella solo sentía un gran abismo entre ambos. Nunca estarían lo suficientemente cerca como para saciar su dolor. Él cogió su cara con sus manos, y apoyó su frente en la de ella. Ella sentía como respiraba fuertemente, y como su corazón iba a mil por hora. Ella sin embargo, no sentía nada. Era inmune a todo aquello. Por su culpa. No hablaban porque sabían que las palabras sobraban. No hacía falta palabras para expresar aquello. Ella se separó, para poder mirarlo a los ojos. Como aquella vez. Vio lástima, pena, dolor, sufrimiento y desesperación en los ojos de él. En el fondo, ella sabía que él no había cambiado lo más mínimo a pesar de todo. Él era un puto egoísta. Cuando él se acercó a su boca, ella tuvo unos segundos de debilidad, sus bocas se rozaron y ella sintió electricidad recorriendo su cuerpo. Pero se apartó, y no porque pensara que aquello era la correcto, sino porque ella no quería eso. 
Estar con él siempre supuso ser débil. Estar en un abismo, ella no podía alcanzarlo, ella no podía entrar en él y tocarle. Pero él a ella, sí, y no se lo quería permitir, no otra vez. No quería volver a sentir aquello que sintió una vez. Les separaba años luz, al fin y al cabo y ella lo sabía perfectamente. Cuando se apartó lo suficiente de él, pronunció un leve pero claro 'adiós', que él entendió perfectamente. 
Ella no volvería a sufrir más. Porque no se merecía aquello. Ella merecía ser feliz. Además la vida seguía, la vida pasaba ante sus ojos y estaba cansada de estar así. De desaprovechar lo único que tenía. El mundo no se paraba en él. El mundo seguía girando a pesar de los corazones rotos, a pesar de las desilusiones, decepciones, lágrimas... a pesar de todo, hay que seguir caminando, porque el dolor siempre estará ahí, pero sufrir es opcional. 


"Es como gritar pero sin que nadie te oiga. Casi te sientes avergonzada de que alguien sea tan importante, de que sin esa persona te sientas como si no fueras nada. Nadie podrá entender cuanto te duele. Te sientes sin esperanza, como si nada pudiera salvarte. Y cuando todo termina y él ya se ha ido, hasta deseas que regrese todo lo malo para que al menos también puedas tener lo bueno de vuelta."

12 de diciembre de 2013

Murió por ella misma.

Indefensa. Una persona contra todas las demás es algo injusto, sabes que no vas a ganar la batalla ni la guerra. Ni siquiera te dejan defenderte ni con espadas ni escudos. Llegan en medio de la noche y tú no te das cuenta absolutamente de nada. Ilusa. Confiada. Sabía que no tenía que volver a a dormir con la puerta sin cerrojo. Me acostumbré a que la gente me terminará salvando y ahora, ahora que no hay nadie, ¿Quién debe salvarme? ¿Debo morir?Algo me responde que no, pero yo siempre me intento autoconvencer de que si. De que no hago nada de provecho. De que no valgo nada. De que nadie me quiere, de que nadie se ha dado cuenta de mi existencia, y si lo ha hecho, le da infinitamente igual, porque soy insignificante e inservible. Me tocas y ni siquiera me tambaleo, simplemente me caigo. Porque al final nada me puede salvar de mi. O mejor dicho, de mis pensamientos, esas voces que siempre me gritan y amenazan. Las intento acuchillar, pero nada hace efecto. Hablo con cualquier persona, pidiendo ayuda, pero nadie me cree, nadie me entiende ni siquiera pueden escucharme porque me callan , los monstruos callan mis lamentos, mis quejas, mis súplicas, mis gritos pidiendo compasión y ayuda. Esas dos palabras que realmente nadie conoce su verdadero significado. Pido perdón, de rodillas, y suplico. Ya no me queda nada. Pégame un tiro, le grito al viento. Pero solo mueve mi pelo, y eso lo interpreto como un 'estás loca, termina con esto de una vez'. Pero nada ocurre. Me quedo allí mirando a la nada y de repente ellos, y esas voces vienen a por mi. Por fin. Y entonces, es cuando la cuchilla toca mi muñeca, me siento aliviada. Sale sangre a borbotones pero me siento bien por primera vez en mucho tiempo. Todo se calma.' ¿Veis monstruos? He conseguido callaros'.

19 de noviembre de 2013

Ella.

El mundo se paró. Quieto. Como ese juego que siempre hacía en educación física cuando era pequeño, todos íbamos corriendo y de repente, alguien decía estatua, y todos nos teníamos que quedar parados. No podíamos mover ni una sola pestaña. Era ella. La estaba viendo. Allí sentada, con los auriculares puestos como de costumbre. Con el pelo suelo, y con un gesto serio mirando al lado contrario de donde estaba yo. Como de costumbre, también. Solté una bocanada de aire. Con esto de quedarme como una estatua, me había olvidado de respirar o a lo mejor era por ella, no sé... Por unos segundos todo el mundo parecía haberse quedado tan estupefacto como yo. No conseguía asimilar qué cierta clase de persona estuviera en este mundo de mierda. Con clase cierta de persona, me refiero solo a ella, y no lo digo a malas obviamente, lo digo porque su belleza era algo de otro mundo. Algo que nunca antes había visto. Era de esas chicas, que aunque no conozcas de nada, te paras a observarla anonadado por la calle. Y era algo inevitable. 
Quería dar dos pasos y avanzar hasta ella. Poder acercarme, saludarla y que todo volviese a ser como antes. Pero yo, alguien que siempre se había afrontado a lo que la vida le había puesto delante, no podía andar. Maldito estúpido cobarde. 
Una chica llegó al lado de ella y la saludó. Era su amiga. Ella la saludó, con una sonrisa. Perdón, con la sonrisa. Después, la otra chica dijo algo y ella se rió. Y el sonido de su risa, me hizo hasta temblar. Ese sonido que no podía sacar de mi cabeza.
¡Ella me estaba volviendo loco!
¡Realmente loco!
Se empezaron a alejar mientras hablaban... pero yo seguía allí, sin hacer absolutamente nada, cualquiera que me viera pensaría que me pasaba algo. Estuve así varios segundos más, hasta que conseguí mover las piernas, y empezar mi camino. Mientras no podía dejar de pensar, en sus abrazos, en sus besos, en sus caricias, en aquella manera de tocarse el pelo, en lo guapa que estaba cuando se enfadaba, en los pucheros que ponía, en sus ojitos de niña buena que ponía cuando quería conseguir algo, su manía de morderse las uñas, de gritar cuando estaba nerviosa, de como me cogía la mano para tranquilizarme, de ese 'siempre te querré. ¿Por qué había sido tan estúpido? ¿Por qué la había tenido que alejar de mi lado? La quería y no poco. Pero la había cagado. Quería dar marcha atrás en el tiempo y cambiar lo que pasó. Pero no serviría, lo sé. No se puede modificar algo, sin cambiar lo que un día fue. Y sé que si lo hiciera, destruiría lo 'nuestro'. Esto era parte de mi historia y sé que de la suya también. Odié ver como al día siguiente, tenía los ojos hinchados y cuando me vio, empezó a gritarme mientras lloraba. Nunca olvidaré ese momento. Incluso después de tanto tiempo, sentía un dolor punzante en mi pecho, que se me cogía ahí y no me dejaba ni respirar. Y realmente, yo sabía que ese dolor, era ella. Que se instaló allí, para recordarme lo que pasó. Para recordarme mis putos errores. 
Tropecé. Estaba tan absorbido por mis pensamientos, que no la había visto. Era ella. Mierda. Mierda. Mierda. Intentaba pensar algo, mientras abría la boca para poder decir algo, lo que fuera.
'Hola', dije como el estúpido que era. Ella movió la cabeza a un lado, y me preguntó como estaba. ¿Qué podía responder a aquello? ¿Mal? ¿Fatal? 'Te echo de menos', articulé sin pensarlo durante más de dos segundos, después me di cuenta de lo estúpido que sonaba aquello y más salido de mi. 
'Ya. ¿Y qué?' dijo ella. 'Sé que las cosas están así, por mi culpa. Sé que me odias, me odias porque un día me quisiste tanto que te dolió. Y me odias por ello. Porque te hiciera creer en el amor, me odias por haberme querido. Y créeme yo me odio más por haberte perdido a ti. Por haberte defraudado. Nunca podré perdonarmelo.' respondí lentamente, intentando coger aliento.
'Perdónate, yo ya te perdoné hace mucho. Pero es verdad, nunca te voy a dejar de odiar por ello. Y sobretodo, por irte. Por dejarme sola, cuando dijiste que no lo haría. Me prometiste que todo estaría bien, y no lo cumpliste.' empezó a llorar, y no pude hacer otra cosa, que abrazarla. Y cuando lo hice, algo recorrió mi cuerpo de cabeza a pies. Sentí que estaba volviendo a nacer.
'Yo nunca podré perdonarme, jamás, y nunca lo haré porque hice que llorarás y aún saco tus lágrimas. Y eso me destroza.'
'Pues no hagas que llore más. Por favor.' 
No dije nada, pero aquellas palabras las grabé a fuego en mi interior. Como un tatuaje. Y juré, lo juré por ella, que nunca más me permitiría verla llorar por mi culpa.
Besé todas y cada unas de sus lágrimas, intentando hacer que desaparecieran. Besé cada parte de su cara. Respiré su aire. Y ella respiró el mío. Cuando se acercó a mi, poniéndose de puntillas y besando lentamente mis labios, sentí que todo tenía sentido. Ella. 


13 de noviembre de 2013

La caja de pandora.




Tantas cosas se guardo en su interior. En esa caja de sentimientos frustantes, de sensaciones de desamparo, soledad y tristeza, decepción con impotencia, lágrimas, suspiros, insultos...
Podría ser perfectamente como la caja de Pandora. Cuando esa caja se abra, todo aquello saldrá despedido por los aires sin piedad. Y no se podrá salvar nada ni nadie.
La miró con rabia. Necesitaba que ella fuera como él quería. Perfecta. Ni un solo error. Ni un solo fallo. Quería una máquina, no una persona de carne y hueso. ¿Pero él que sabía? ¿Y ella que iba a hacer? Ella había caído en sus redes como una niña tonta, como una ilusa que creyó en palabras bonitas durante un día y después todo se volvió oscuro, pero ella siguió allí no se marchó porque en su interior algo le decía que ella podría hacer que él la quisiera y la aceptara, ella podría cambiar y ser como él quería... 
Y él era solo un niño con la infancia robada, que no sabía lo que quería, que había perdido a tanta gente que le daba miedo comprometerse con la gente, que siempre veía las cosas malas, que nada era suficiente para él, pedía más y más y tenía que ser exactamente como él lo pedía. Pero en el fondo de su ser, su voz que le guiaba al fin y al cabo, le decía que tuviera paciencia, que ella era lo que él buscaba, solo que estaba escondida en ese caparazón que nunca se quitaba de encima. 
Pasaron días, semana  e incluso meses. Ella cuando pensaba que avanzaba, se daba cuenta de que tan solo estaba dando tres pasos para atrás. Era tan desesperante. Tan ilógico. 
Y cuando él creía que ella se estaba adentrando a toca su corazón, alguien tiraba de su mano y lo alejaba de él. 
Ella aguantó sus cambios de humor, sus gritos, sus días negros y sobrevivió a todas las putadas que él le hacía día si y día también. Le perdonó lo imperdonable. Y le quiso lo inimaginable. 
Él cada vez que ella le calmaba, se asustaba más, por ese efecto que solo ella causaba en él, le desplazaba a otro mundo ¿eso es lo que él quería? ¿ser otra vez débil? Entonces, solo tenía que hacer aquello que provocaba sus lágrimas, gritos, reproches e insultos sin argumentos. Y aquello él sabía que a ella le estaba consumiendo por dentro. Él era su vicio y lo sabía. Como el fumar. Que al final acabas muriéndote por lo que tú dirías 'unos cuantos cigarrillos'. 
Pero como siempre, en su casa cuando todo iba mal, él se refugiaba en ella,la llamaba al móvil a la hora que fuese porque sabía que a los minutos ella estaría en su habitación abrazándole, y él solo podía besarla, acariciarla, hacerle el amor una y otra vez hasta que quedaban exhaustos. Y al día siguiente, cuando ella abría los ojos y lo veía, no podía sentirse más feliz, aprovechaba esos únicos momentos de calma que tenía con él como si fuesen los últimos... porque en realidad, no sabía cuando podía pasar aquello, pero creía que en cualquier momento, cuando menos se lo esperase, él la podía tirar de su vida sin más. Y ella no lo aguantaría. Lo sabía. ¿Qué era ella sin él? Y ella mientras le acariciaba la cara mientras dormía se preguntaba lo mismo pero a la inversa, ¿qué sería de él sin ella? Creía que lo podría ser todo, porque confiaba tanto en él, que sabía que todo lo que se propusiera lo podría conseguir. Cuando él se despertaba, le daba un beso, se cambiaba, y la dejaba allí sola. A él no le gustaba verla por las mañanas, porque estaba tan guapa que sería imposible aguantar esa sensación... ese sentimiento que hacía que quisiese gritarle que la quería. ¡Qué le quería! Algo él nunca pensó que querría decir. 
Pasaron más meses, un año... y un día como otro cualquiera, ella terminó explotando. Y su caja de pandora, se terminó abriendo, algo que nunca quiso que pasará. Pero que terminó ocurriendo. ¿Por qué? Ella suponía que por un cúmulo de cosas, pero sobre todo por las cosas que no pasaron, que no se dijeron.
'Ya no puedo más. No sigas, por favor. Te lo suplico, y si quieres me pongo de rodillas. Pero para. No puedo seguir con... con esto, sea lo que sea que tengamos, si es que lo tenemos. ¿Tú qué crees que me merezco toda esta mierda? ¿Tu mierda? Te odio tanto... que no lo soporto, pero a la vez te quiero tanto también, que me bloquea. ¿Qué es lo que me falta? Dímelo, solo tienes que hablarme. HABLARME. Dime lo que quieras, lo que necesitas, y sabes que yo lo conseguiré. Por ti. Por todo esto que siento sin ti. Pero para porque sino nos vas a matar a los dos.'
'¿A los dos?'
'Sí. No intentes excluirte más. Tú también estás en esto y lo sabes perfectamente, aunque te joda.'
'Me jode, porque solo estás diciendo estupideces. Lo tuyo y lo mío no es más que follar.'
'Eso es mentira. Me estás mintiendo, ¡otra vez, joder, otra vez! ¿aún no te has cansado? Para ya de jugar, no somos niños, y yo no soy tu muñeca y nunca podré serlo. Soy así. Como me conoces. Soy yo. Soy yo, ¿sabes? y te quiero.'
'Basta, joder.'
'Mírame. Mírame a los ojos y dime de una puta vez que no me quieres y me iré. Pero me iré para siempre. Después no valdrá una llamada y acostarnos para arreglar las cosas. Que me mires y me digas que no me quieres, dímelo, joder, dímelo.'


Y ocurrió... 
Ella le miró. Él la miró. Se miraron fijamente, intensamente y dulcemente. Ella intentaba mantener la compostura, pero entonces...él lo dijo. Y ella se derrumbó, cayó ese rascacielos que había formado en su interior, lloró y lloró hasta perder la cordura. Y todo pasó a ser como al principio, como siempre, absolutamente nada.


'No te quiero'. 



6 de noviembre de 2013

Carta nº2.

Querido X:
Otra vez aquí...Te diría que te voy a hablar de cosas bonitas que han ocurrido o que tan solo venía a preguntarte como estás, pero me es imposible. Siempre fui sincera contigo y lo seguiré siendo. Te escribo porque no puedo hablar con nadie más. Ayúdame, por favor. Estoy pensando en verdaderas locuras que nunca creía que se me pasarían por la cabeza. Me siento mal a todas horas del día, son unas ganas de echarme a llorar constantes, unas ganas de romper todo impresionantes. Me siento sola. Qué digo sola... me siento solísima, siento que todas las personas del mundo van contra mi y yo solo puedo preguntarme ¿qué les he hecho yo para merecer que me traten así? Todas las palabras me pesan. Todo lo que me dicen, son puñales que se clavan en mi estómago. Es tal la sensación, que ya no puedo ni siquiera dormir. Mis ojos se abren en medio de la noche, asustada, temblando, desolada. ¿Entiendes mi sentimiento? Necesito que me digas que solo te estoy diciendo tonterías, que me lo estoy inventando, que yo no soy un lastre para nadie... pero no te puedo escuchar, por mucho que hable con la luna, o con el mismo sol, tú no me respondes. Y entonces, es más el vacío que siento en mi interior. Me han dejado sin nada, me han absorbido hasta compartirme en alguien así. En alguien como ya. Alguien que no gusta. Alguien que sobra esté donde esté. Que no encaja. Que nadie es igual que ella, y nadie puede comprender y ni siquiera lo intentan. Nadie le muestra una pizca de empatía, de cariño, su piel tiene un color feo y por eso nadie quiere ponerse en ella. Su alma está negra, negra como el cielo cuando va llover. Ahora me sirve lo que sea, un 'todo va a salir bien' o un puto 'tranquila, yo estoy aquí contigo'. Pero no, mire por donde mire, todo es soledad, todos huyen de la tormenta y yo soy la mariposa que va hacia a ella. Contracorriente. Sin explicación alguna.
Ya sabes que siempre fui una niña sin miedo a la tormentas, pero ahora, cada vez que se presenta alguna, es inevitable meterme debajo de las sábanas y no salir de allí. El ruido de los truenos, la luz de los relámpagos, me espanta. Me atemoriza y por mucho que intente sacar la cabeza de las sábanas, todo se repite una y otra vez, trueno tras trueno seguido del relámpago. Y yo no puedo hacer nada contra eso. Soy débil.  Sin embargo, de pequeña amaba mirar por la ventana durante horas las tormentas. Lo que sigue sin asustarme es la lluvia, un poco de agua no puede hacer daño a nadie, ni siquiera a mi. Es mas, me enjuaga las heridas y siempre siento un alivio al sentir el agua por mi cara. Es como si yo, mi real yo, siguiera viva dentro de este monstruo...
Supongo que todo era mejor mientras tú estabas aquí. Después te fuiste, desapareciste y todo ocurrió como una tormenta.

27 de octubre de 2013

'Todos vieron aquella estrella en el cielo que deslumbraba con su brillo'.

Ella miró a su lado y no encontró nada, absolutamente nada. Estaba sentada en un banco, en medio de una calle de aquella ciudad que tanto odiaba. Alguna gente que pasaba la miraba, y ella esperaba ansiosa a que alguien, fuese quién fuese, le preguntará si se encontraba bien. Pero no ocurrió nada. Nadie dijo absolutamente nada. Incluso, pasaba gente que ni la miraba, que iba con tanta prisa, casi corriendo que no se percataba en algo tan insignificante, como ella pensaba que era.
Había cambiado, se había maquillado más, se había puesto más provocativa para los demás, intentando llamar la atención, pero nadie se dio cuenta (otra vez). Probó cosas que juró que no iba a probar. Su corazón y su alma se congelaron. Su cabeza daba vueltas y se ría sin motivo alguno. Sus lágrimas se habían agotado. Daba vueltas sobre ella misma, intentando encontrarle sentido a algo. Dio tantas vueltas, que le fue inevitable vomitar. Maldeció en voz baja, hasta que las palabras le ahogaban y empezó a sentirse descontrolada. No puedo evitar chillar, en ese mismo instante sería hasta capaz de aliarse con el diablo. Ya nada importaba. Se tiró de aquel pelo horrible suyo. Quería sentir algo. Cualquier cosa. Se pellizcó la tripa, los brazo y las piernas... de repente se sintió algo más aliviada. Aún tenía algo de control sobre ella misma. Podía sentir. Dolor. Algo era algo.
Esperó con el móvil entre sus piernas, sentada en aquel suelo frío a finales de Octubre, de noche, esperó y esperó. Esperó la llamada de alguien preocupado por ella, esperó un mensaje que dijera qué dónde estaba y si se encontraba bien, esperó algo, una señal, algo que la hiciera creer que todo iba a estar bien, que tenía una razón por la que seguir viviendo. Por la que seguir adelante. Pero esperó... durante horas, y como todos los putos días, nadie se acordó de ella. Maldita estúpida. Maldita idiota, ilusa y tonta. ¿No ves que no le importas a nadie? ¿Aún no has entendido que no eres más que un estorbo? Mereces desaparecer ya. Mereces morir y que nadie llore por ti. Morir sola. Sí. Eso justo.


...
Se acostó en el suelo, haciéndose un ovillo, notaba que todo en su interior crujía, su mente no recordaba ningún momento bueno en todos los años que había vivido. Recordaba solo como nunca fue suficiente para nadie, como alejó a personas que ella realmente amaba, como las voces en su interior la hicieron una niña asustadiza, y como las voces de las demás niñas del colegio, la hicieron más pequeña e insegura. Se acordó de él y de su manera de reír, pero se acordó de su manera sútil de ignorarla... mientras que ella siempre le quiso más que a nadie en este puto mundo de mierda. Recordó a su familia, a sus cumpleaños (solitarios, en mayor parte). Empezó a tiritar, cuando sacó un bote de su chaqueta. Pastillas. Pastillas que acabarían con todo su sufrimiento. Pastillas que le harían pensar que ella a fin de cuentas manejaba su apestosa vida. Pastillas que harían que dejará de existir. Se las tomó y por fin, algo ocurrió como ella quería.


Su vida se fue apagando poco a poco, ajena a la gente de su alrededor, que más tarde lamentaría su muerte.
Dejó de existir. De sufrir. Pero cuando se fue, todos pudieron ver aquella estrella en el cielo que deslumbraba con su brillo. Era ella.


25 de octubre de 2013

Fantasmas y al revés.

Fantasmas y al revés. Como cuando intentas respirar hondo y no encuentras oxígeno suficiente para llenar tus pulmones, así me sentía yo. Encerrada, bajo llave, perdida. ¿Alguna vez habéis llorado tanto que incluso llegaba un momento en el que no podías soltar ni una sola lágrima más...? Parecía como si alguien me estuviera poniendo una almohada en la cara, asfixiándome. Y entonces, vi todo en blanco y negro, como las películas antiguas. Llamaron a la puerta y el miedo entró sin ni siquiera invitarle... y cuando me acosté en la cama, él se instaló en mi y todo en mi, se congeló. La tristeza, la decepción, la inseguridad, la ansiedad... todos, vinieron con él y se clavaron en mi pecho como cuchillos, para dejarme cicatrices y recordarme para siempre, que estuvieron y estarán ahí. Porque para eso sirven las cicatrices, para que sepas lo que ocurrió, para que sepas que gracias a eso ahora eres quién eres. Me levanté sobresaltada, por culpa de una pesadilla... supongo, que la misma de siempre, capaz de asustar a cualquier ser humano. Me quedé toda la noche en vela y pensé en aquello que tanto daño me causaba. Miré al techo de mi habitación, donde seguían pegadas aquellas estrellas que se iluminaban en la oscuridad, y recordé el por qué. El porque estaban allí pegadas. ¿Os dais cuenta? Todo, absolutamente todo, son recuerdos. Incluso nosotros mismos. Incluso yo. Porque eso somos las personas. Eso soy yo, unos cuantos fantasmas en mi interior y puesta del revés. Hay una frase, que escuché en una serie, y me define completamente: "Pienso que nací al revés, que salí de mi madre de la manera equivocada... oigo voces que van a hacia atrás y a la gente que debería amar, la odio y a la gente que debería odiar...." 
Después están esos fantasmas que salen todas las noches de mi interior, para atormentarme, que no me dejan abrir los ojos, que me ahogan, me dejan sin respiración... pero por la mañana, cuando me miro en el espejo, sé que la del reflejo soy yo, la verdadera yo, antes de que me marchitara y muriera. ¿Triste, no? Entonces es cuando me doy la vuelta y encierro otra vez a todos aquellos fantasmas, haciéndome creer que todo está bien, sonrío y me digo que los fantasmas no existen. Exactamente lo mismo que le dices a una niña pequeña que no puede dormir porque piensa que hay monstruos debajo de su cama. La engañas, ¿no? porque realmente, ¿tú te has agachado a mirar por si hay algo ahí debajo? ¿no, verdad? Pues ya está. Como nos gusta engañar, y hacer daño, aunque a veces sean con buena intención, o 'mentiras de jarabe' como yo las llamo. 

Y es aquí cuando me pregunto quién coño dijo eso de que el amor lo vence todo. ¡Jodido idiota! Amor, amor, amor, amor... tú me has hecho estar así, puto cabrón de mierda. ¿Para qué coño sirve enamorarse? Enamorarse es una sensación de angustia y ansiedad constante, que finalmente hace que te mueras sin poder hacer nada. Enamorarse es como un suicidio. Lo sabes. Todos con un poco de razón y lógica, comprenden esto. Pero nadie lo para. Nadie hace nada para evitar ese sentimiento...es, es inevitable. No se busca, se encuentra sin más...
Si te enamoras, estás realmente jodida. Recuerdalo. 


22 de octubre de 2013

Repetición.

Hay cosas que no se arreglan, que se rompen, se recogen y se tiran a la basura, pero que no se pueden volver a pegar con celo. No podemos pretender romper algo y después poder volver a dejarlo como estaba. Es imposible. Me acuerdo como cuando hace unos años, tiré una bola de esas que cuando la agitas tienen nieve... pues la tiré y cuando vi como se rompía en pequeños pedazos esparcidos por el suelo de mi habitación, empecé a llorar y me agaché recogiendo los cristales y encajandolos unos con otros, intentando que mi bolita de nieva, siguiera como siempre. Al rato, cuando me corté con un trozo de cristal, comprendí por fin que no era posible arreglar aquel desastre. Paré de llorar, para darme cuenta de lo mágico que era aquel momento, que las cosas se rompen y entonces, desaparecen, dejan de existir y nosotros no podemos hacer nada. O bueno sí, no romperlas. O al menos intentarlo. Porque es curioso como hay gente por el mundo, que vive con ansías de romper algo. O al menos de pegar un puñetazo... o simplemente de romper un corazón. Supongo que todos tenemos ese lado al fin y al cabo. Nos gusta hacer sufrir y que nos hagan sufrir. ¿Irónico? ¿Incomprensible? Sí. Pero cierto y quién lo niegue es porque aún no ha vivido la suficiente, que tenga paciencia, porque su momento ya llegará.
Si tengo que ser sincera, yo tengo muchos de esos momentos, a lo mejor involuntariamente, otras voluntarias... al principio, era inconsciente de que lo que me hacían, de lo que estaba sufriendo, de como iba rompiéndome, después empecé a darme cuenta de ello, y durante un tiempo (largo), dejé que me siguieran tratando como a una muñeca de trapo.
Y ahora, ahora... bueno, ahora es al revés, ando con ganas de hacer sufrir y no creo que porque sea cruel, sino porque yo ya sufrí bastante. A lo mejor es mi momento de romper algo.
Todos, absolutamente todos nos merecemos esa sensación, ese instante perfecto.

(Sé que escribo demasiado sobre la palabra 'romper' y sus derivados, pero ya se sabe que uno siempre escribe sobre sus experiencias, sentimientos, pensamientos y sensaciones. Y a día de hoy, solo puede decir una palabra que me describe perfectamente. Y que todos sabéis ya. Adivinadla, anda.)

15 de octubre de 2013

Me has roto.

¿Cómo se explica esa sensación? Es como desamparo. Pero sin el como. Todo el día pensándote. Todo el día soñándote. Pidiendo que vuelvas a mi lado. Pidiendo que me quieras con gritos en silencio. Cómo duele. Miro todo el día alrededor, intento verte pero sin que tú me veas. Me juro internamente que no me decepcionaré si no te veo. Pero como siempre digo, yo nunca juro de verdad y cuando mis ojos repasan todo los recovecos posibles y no te encuentro... me decepciono. Y no contigo, sólo conmigo misma. Por no haberlo conseguido, por no tenerte a mi vera, me pego una bofetada mentalmente y me digo, espabila chica, él ya ni te recuerda y sin embargo, tú de él te acuerdas cada segundo del día... y eso es simplemente algo sobrehumano. Sonrío para que los demás no se asusten, ni me pregunten. Todos me convencen de que él no me merece, pero... ¿y si es al revés? ¿qué coño sabrá la gente de si me merece o no? ¿y si en realidad soy yo la que no se merece a alguien tan increíble como él?
Me puse las expectativas muy altas cuando te vi por primera vez, jurando que serías mío. Pero como siempre mis juramentos fallaron. Fueron en vano. Y me perdí una vez más. Me quedé en tu lista de espera. De pie. Donde la fila nunca avanzaba. Yo no me movía, no daba ni un solo paso, incluso podría decir que me acostumbre a ese sitio, a esas vistas... estabas lejos, pero al menos te podía ver. Ahora... ahora ya mi vista no alcanza a dislumbrarte, ni siquiera eres un punto entre manchas... ahora nos separan años luz. Dolía... Cuando di un paso a mi lado y me aparté de la fila, y en seguida la persona que iba después de mi, se movió rápidamente sin tan siquiera poder evitarlo. Se puso en mi sitio. Y yo me aparté y me tuve que marchas porque era demasiado para mi ver la larga cola, y verte a ti. Y aún duele. Y esa herida en mi corazón, siempre dolerá. Seguramente se reabrirá muchas veces más, sangrando, la curaré, pondré una tirita y haré como la última vez. Alejarme, aislarme. Pero después tendré que volver a salir a flote.
Hoy te he vuelto a ver. Lo había intentando evitar por todos los medios posibles. No miré a nadie a los ojos en todo el día. Porque la mirada es mi debilidad, desde que te vi... La mirada es el reflejo del alma y por lo tanto, de todos mis sentimientos. Sentimientos en flor. Si miro a alguien a los ojos, cuando más siento, cuando más triste estoy, sería como un libro abierto ¿y a quién le gusta eso? Nuestros puntos débiles, son nuestros, propios y de nadie más. Porque cuando alguien los descubre, ataca con ellos y es un blanco fácil para hacer sufrir. Por eso, hoy no pude mirar a nadie, iba con los ojos mirando el suelo, todo el día, y cuando alguien me hablaba, le miraba partes de los ojos, pero nunca mantenía la mirada más de cinco segundos, porque estaba segura, de que si mantenían la vista en mi, lloraría como un bebé recién nacido.
Mi mente estaba desordenada. No sabía que pensar. Pero estaba claro lo que sentía. Sentía una soledad que hacía que me helará por dentro. Sentía que no encajaba. Que las sonrisas que estaba mostrando a los demás, eran más falsas que nunca. Sentía que la gente que decía conocerme tanto, solo me estaba tomando el pelo. ¿Me conocían y cuándo sonreía no se daban cuenta de que solo estaba fingiendo una felicidad que no tiene que ver conmigo? ¿En serio? Da igual, me dije y me repetía minuto tras minuto. Hasta que no podía más, estaba a punto de llorar.. alguien me tocó, me habló, y solo pude apartarme lo más rápido posible.
-¿Estás bien?
-Sí.
-¿De verdad?
-No quiero hablar, de verdad, déjame, no puedo más.
-Vale.

¿VALE? Increíble... En fin. Así es la gente, pregunta para quedar bien y cuando te ven jodida y no saben que hacer, huyen con un puto 'vale'.. El reloj avanzaba, menos mal. Llegó el final de las clases, bajé las escaleras casi corriendo y... allí estabas tú. Maldita sea. Mierda. ¿Y ahora qué coño hago yo? Lo miré, me miró y...

 Nada no hice nada más. Llegaron sus amigos al minuto y se puso a caminar. Y yo detrás, me aguanté una vez más en el día de hoy las lágrimas, como pude y seguí adelante. Miré a todos los sitios posibles, menos a él, porque me dolía tanto tanto que era insoportable. Pinchazos por todos los sitios que me iban consumiendo poco a poco, y tú sin darte cuenta de nada. Creo que te diste la vuelta y me miraste fugazmente durante dos segundos de mierda, pero no estoy segura. A lo mejor simplemente quiero creerlo, autoengañarme y así ser más feliz. No lo sé. Ya no sé absolutamente nada. Cuando tú te fuiste por la derecha y yo giré hacia la izquierda, corrí para alejarme de todos. Y me eché inevitablemente a llorar. Me rompí en mil pedazos otra vez... como siempre que te veo. ¿Por qué yo siento tanto y tú tan poco?








3 de octubre de 2013

Lluvia.

De esas veces en las que no quieres hablar. En las que tan solo deseas escuchar el silencio. O la tormenta. El problema es que hoy llueve en todo el puto mundo entero, menos aquí. Y a veces simplemente necesito lluvia. La lluvia a todo el mundo le suele deprimir. A mi todo el contrario. Me produce alegría, calma, paz, sosiego. Una tranquilidad dulce. De esas a las que no tengo miedo. Porque a veces si es verdad, que hay noches de angustia calma a las cuales temo muchísimo. Pero a ese tipo de calma, no. Es algo necesario. Ver las gotas caer por tu ventana lentamente, ese sonido tan melódico del agua cayendo sobre el suelo, el viento chocando contra todo lo que se lo pone delante, el olor a tierra mojada y esa fresca brisa que entra por mi ventana. Eso quiero. Hace poco descubrí un sitio al que necesito viajar, es Yakushima, la isla japonesa del diluvio eterno, además de preciosa. ¿No sería magnífico estar allí? A la isla también la llaman 'el bosque encantando' y creo que no podría haber acertado más. Es el nombre exacto para descubrir ese lugar. Magia. Magia. Esa magia de la que siempre hablo. Pues uno de los lugares que la tienen es ese. Pero al pensar en ir allí sola... no sé, me viniste a la mente tú. ¿Es demasiado estúpido? ¿Es demasiado estúpido soñar despierta con coger el primer avión que nos lleve a esa isla, de la mano, corriendo sin pausas y sin prisas, pero con mil ganas para ir allí y comernos a besos bajo la lluvia? Supongo que lo es. Lo es porque sé que es imposible. Pero ¿a quién no le gusta fantasear con las cosas imposibles? Realmente, a veces, los días de lluvia siendo más exactos, me pregunto si estoy enamorada de ti o de tu recuerdo. Y duele pensar en la respuesta, porque creo que es la segunda. Y no es que me duelan los recuerdos (que también), sino que... cuando solo te queda eso, sabes que todo lo demás se ha acabado. Que ya no vas a crear más recuerdos a su lado, que ya no le vas a contar tus días aburridos y que no le vas a poder contar tu locura de ir a Yakushima. Y duele. Duele tanto como cuando te vuelves a abrir la misma herida, para echarle otra vez el puto alcohol. Ya solo queda su recuerdo. El recuerdo de sus besos. De sus abrazos. De su forma de mirarme. De su forma de tratarme y tocarme. De sus malditas palabras. De su forma de reír. De su forma de tocarse el pelo cuando estaba nervioso. O su forma de mover el pie cuando se aburría. Hasta cuando movía la mano para quitarle importancia a algo. De su forma de contar chistes malos en el momento menos apropiado. De él. De su puto recuerdo que cada día me va consumiendo... y él se va esfumando. 

Y es cierto, no necesito hablar, ni quiero hacerlo. Mi profesor dice que habitualmente los alumnos sabemos hablar mejor que escribir. Y he estado a punto de levantar la mano para contradecirle pero realmente no tenía sentido, porque iba a decir que a mi lo de hablar no se me daba nada bien, prefiero escribir, porque sé que estoy 'diciendo' de algún modo, lo que de verdad siento. Sin rodeos. Y sin mentiras. Solo mis pensamientos, sensaciones y sentimientos. Y por eso no quiero hablar con nadie. Solo necesito tumbarme en mi cama, escribir con mi música preferida, escuchar la lluvia caer por mi ventana y pensar en él (diría estar con él, pero sé que es imposible, como he dicho antes... así que me quedo con su recuerdo).


1 de octubre de 2013

Blanco.

¿Qué hacer cuando no puedes ni contigo misma? ¿Cuándo todo te pesa? ¿Cuándo cada movimiento, cada palabra, cada paso, son miles de agujas que se clavan una y otra vez en tu interior haciendo que te desangres lentamente? Estás hasta las narices de ser la única que entienda a la gente y que a ti no te entiendan y ni siquiera hagan el esfuerzo de escucharte. Sí, algunos te preguntan '¿qué te pasa?' y que cuándo escuchan una palabra diferente al 'nada', se asustan y ya no quieren saber más. Todo el mundo miente, y supongo que por razones obvias. ¿Por qué lo haces? Porque llega un momento, en la que la vida te ha dado tantos palos, tantísimas desilusiones que ya no puedes más, que has empezado a contestar de forma automática un 'bien', cada vez que te preguntan como estás. Ya no dices como te sientes realmente, ¿para qué? ¿para qué abrirte y enseñar lo más íntimo de ti, cuándo nadie te va a escuchar? La gente es hipócrita, falsa, te dicen que estarán ahí cuando los necesites y como dice mi abuela, eso solo es una forma de hablar. De hablar para quedar bien. De hablar para contar mentiras. Eso, ha hecho que te cierres en banda, que de ser un libro abierto, seas el más difícil de entender y de seguir sus palabras. Porque al final te cansas de ser tu misma y solo te apetece no ser tú... ser más lista, más guapa, más fuerte, más y más dura... menos tú, más como una piedra. Como él, que siempre será la piedra en el camino, con la cual te tropiezas una y otra vez como una tonta, mientras la piedra te hace sentir una mierda, inútil, insignificante, imbécil y muy muy pequeña. Y después te paras a pensar que ha pasado, fuiste tan idiota que moviste cielo y tierra para hacer feliz a la puta piedra, sin darte cuenta de que por ti nadie movió ni un dedo. Y por eso ya no puedes más. Porque sentiste y diste tanto, que ahora tan solo queda vacío en ti. Vacío que intentas llenar con cualquier gilipollez, pero nunca se llena del todo, siempre termina vaciándose, gota a gota, como cuando dejas un grifo abierto. Haciendo que todo a tu alrededor se inunde. La diferencia es que ellos saben nadar, muchísimo mejor que tú,  te adelantan y miran por ellos mismos, salen a la superficie hasta que llegan a la orilla y a ti te dejan atrás, sola. Y llega ese punto, en el que no sabes si intentar nadar para llegar hasta donde están los demás o quedarte ahí (rendirte). Todo pesa, todo te atormentan, te perturba y tan solo quieres que te hagan un lavado de cerebro y te dejen en blanco. Total, ahora estás igual mientras todos te destrozan...


26 de septiembre de 2013

Romper.

¿No tenéis ganas de romper con todo? Me duele tanto la cabeza que siento que ahora mismo todo a mi alrededor va a explotar. ¿Por qué? ¿Por qué yo y no tú? Siempre mal, siempre jodida, siempre rota. El problema es que tú eres todo lo que hay en mi cabeza y pienso tantísimo en cada uno de tus movimientos que juro que siento que mi cabeza no aguanta más. Me entrar unas terribles ganas de llorar. Ganas de romper a llorar.  ¿Por qué has vuelto? ¿Será por qué dicen que el asesino siempre vuelve al lugar del crimen? Creo que sí, has vuelto a mi, me has vuelto a mirar, a sonreír, a hablar, a hacer que todo en mi dé un vuelco, mi corazón ha vuelto a acelerarse como antes hacía, mi sonrisa cuando estás cerca es imborrable y mi temblor de piernas cuando te aproximas es algo inevitable. ¿No te das cuenta? Has hecho que sentimientos que tenía guardados bajo llave, salgan otra vez a la luz. Mis sentimientos hacia ti, los que más me atormentan y asustan, y a la vez me encantan. No me preguntes por qué tú. Ni siquiera por qué el primer día que te vi, sabía que me ibas a traer problemas. No me lo preguntes, porque no lo sé. Esas preguntas no tienen respuesta ni explicación. Surgen de la nada. Son sentimientos que afloran sin más. No se elige, surge. Y te guste o no, lo tienes que aceptar. Podrías decir que no, claro, pero no es algo de lo que todo el mundo (yo) sea capaz. No es tan fácil eso de dejar ir a quien quieres. ¿Si lo quieres por qué dejarle marchar? Si le quieres, creo que es mejor luchar. Luchar por lo que quieres, luchar por esa persona y por el amor. Es de cobardes, dejarlo marchar para evitar sufrir. Por eso, tú nunca te vas del todo del mi. Solo te alejas, pero en mi, sigues ahí, donde siempre. En tu sitio favorito. Por eso, ahora mismo, tengo ganas de romperme. Tú rompiste mis esquemas cuando apareciste. Y ahora quiero romper con todo.
¿Y a qué no sabes qué? Cada noche, incluso al abrir los ojos por la mañana, recuerdo una pregunta que me hizo alguien hace un tiempo:
-¿Por qué te enamoraste de él?
-Podría decir mil cosas que amo de él, los tres mil encantos que tiene, más los miles de fallos y defectos que tiene, pero adoro todos y cada uno de ellos. Me enamoré, porque cuando lo vi, vestía con una camiseta de mi color favorito, lo vi por detrás, no muy alto tampoco bajo, moreno y con zapatillas... pero cuando se dio la vuelta, yo tuve que agarrarme a mi silla, sus ojos café... era... era algo que nunca antes había visto y fue algo que sentí dentro de mi, que supe que él iba a ser especial. Me perdí entre su mirada, su boca, su pelo, su cuerpo, su risa... muchas, muchas horas. Nunca antes me había pasado eso, es una sensación que si no sientes o has sentido es imposible de explicar. Lo acababa de ver y sentía que tenía que conocerle. Pero no conocerle de unas cuantas citas y adiós, no. Si no de conocerle durante toda mi vida, hasta conocer cada centímetro de su ser. Pasaron los días y ya supe que no podría dejarle marchar jamás. Fue cuando su mano me tocó y todo mi cuerpo se tambaleó de cabeza a pies, cuando estaba a milímetros y podía escuchar el latir de su corazón, y cuando me habla mirándome directamente a los ojos y acto seguido, sus brazos me cubrieron mientras ponía mi cabeza en su pecho, sintiéndome en casa, a salvo, cuando supe que ya estaba loca e irremediablemente enamorada de él.

Y ahora que estoy aquí, rompiéndome en mil pedazos, es cuando me pregunto: ¿y tú, por qué te enamoraste de mi? 

13 de septiembre de 2013

Carta nº1.

Querido X:
¿Cómo te va después de este tiempo? Te sigo echando de menos, a veces incluso me siento en mi cama y me pongo mis auriculares para poder escucharte un poco más cerca de mi, y lloro. Como casi siempre. Juro que desde aquí aún puedo escuchar tus palabras y promesas, a veces puedo percibir tu olor por la calle, pero te busco y tú nunca estás. He estado intentando no pensar más en ti, desde que me dejaste caer, pensé que nunca te perdonaría. Ahora sé que no es así, que te perdonaría las veces que hiciera falta solo porque el tiempo diese marcha atrás y pudiese arreglar cada grieta que creaste. Estos últimos días, he seguido curando la herida que me hice al caer, y he de decir que parece peor que antes, nunca se termina de cerrar y yo solo sé echarle alcohol, porque ese dolor ya es lo único que me queda de ti. ¿Sabes? Creo que he sido una ilusa al pensar que era 'estar enamorada', ¿tiene algo que ver con esta sensación de angustia que siento dentro de mi a todas horas? Porque si es eso, no me gusta nada. Pensé que estar enamorada era siempre sentir mariposas, ver corazones y flores por todos lados. Nunca llegué a sentir eso contigo. Solo sentó una gran adrenalina junto a una felicidad espontánea, que poco a poco, se fue con mi llanto... ¿Te he dicho alguna vez que nunca me gustaron las montañas rusas? Es verdad, odio sentir que subo y bajo y no poder controlarlo. Y ahora entiendo que eso es lo que sentí y sigo sintiendo contigo o simplemente pensando en todo lo que vivimos. No me gusta esa sensación de en un minuto estés tocando el puto cielo y al otro te choques contra el suelo. Rascasuelos. Creo que así me podrían llamar a partir de ahora. Me quedé ahí cuando te fuiste, porque no quería tener que levantarme y seguir como si nada hubiese pasado. Pienso que es tan triste las personas que olvidan como si nada. ¿Olvidar? Eso nunca lo lograrás, si quisiste a esa persona más que a tu vida. Intentó recordar porque coño no te despediste de mi... eso es lo que más me dolió, te fuiste pero sin decirme ni una palabra, tan solo desapareciste, creyendo que yo estaría bien. Pues ¿sabes? ¡eres un jodido iluso! Y me hiciste trizas. Me destrozaste. Eso fue lo que conseguiste, pedazos inservibles de mi. Sí, intento tirar mi ira y mi furia lejos de mi, es decir, a ti, porque eres el único que podría estar a años luz de mi. Pero no sirve de nada. Porque aunque me joda decirlo, te quiero. Te quiero a ti, que ahora sé que un día me quisiste también, a pesar de toda la mierda que tirabas sobre mi, pero eres incapaz de darme algo. Y lo entiendo, no te voy a culpar por ello. Yo te di mi corazón y mira como acabé... a nadie le gustaría acabar como yo, supongo. ¿Sabes...X...? Me dolió que no te despidieses, pero quiero pensar que no lo hiciste, porque una vez te dije que no había nada que odiará más que un 'adiós', y es verdad, las despedidas no son lo mío. Y un 'adiós' nuestro, no lo hubiera podido soportar. Así que, supongo que gracias por irte sin hacerme eso. Lo malo, son las consecuencias de ello, tal vez un 'adiós' hubiera sido duro para mi, pero al menos hubiera sabido que no ibas a volver más, hubiera dejado de esperarte, hubiera dejado de pasar noches en vela pensando en ti, en tu manera de caminar, de sonreír, de como te acercabas a mi y me mirabas a los ojos cuando todo iba mal, de la la sensación que corría por mi cuerpo cada vez que me abrazabas, de tu tacto, de tu risa o sonrisa, en como me decías que todo iba a salir bien, de todos tus te quiero, de tu manera de alegrarme todos los días, de ese lunar al lado de tu cara, de todos los besos que me diste y de todos los momentos a tu lado...
Es demasiado doloroso para mi tu ausencia, tu indiferencia, por las noches lloro y te grito lo más fuerte que puedo, te insulto incluso, pero es en vano, porque sé que no me escuchas. En fin. Espero que estés donde estés, estés feliz y hayas encontrado a ese alguien que te de, lo que supongo que nunca te di yo y por eso te marchaste.
Te pido que al menos que cuides de mi corazón. Y quiero que sepas, que me da igual todo, que solo quiero que seas feliz por encima de mi y de todos, que sonrías aunque no sea por mi. Es lo único que quiero.

PD: Nunca dejas caer a nadie más desde el cielo, como hiciste conmigo, duele demasiado y es cruel, incluso para ti.

Siempre tuya,
María.

6 de septiembre de 2013

"La vida no es esperar a que la tormenta pase, ni es abrir el paraguas para que todo resbale... Es aprender a bailar bajo la lluvia".

Sé que ahora mismo dentro de mi cabeza hay una gran tormenta. Incluso dentro de mi. De mi corazón. Hay tormenta, tormenta de las fuertes, de las que todo el mundo odia. De esas de truenos, rayos y relámpagos. En cambio, a mi siempre me han gustado. Me parecían una buena forma de pensar. De reflexionar. Cada vez que me hago más mayor, noto que no me gustan tanto, o al menos no dentro de mi misma. No me gusta que dentro de mi cuerpo truene y dilueva tanto, que al final todo acabe inundado. Porque sé que si eso pasa, ya jamás podré sacar todo ese agua. Y cada vez que se acerca una tormenta, como a los niños pequeños que se refugian en la cama de sus padres, la diferencia, es que yo no tengo ninguna otra cama en la que refugiarme, solo la mía. Porque da miedo que todo lo que has construido termine por derribarse, por caerse al suelo. Y finalmente te toca volver a arreglar y reconstruir todo, y eso no me gusta, porque te das cuenta de que no sabes donde estaban todas las cosas, no conoces exactamente donde se encontraban antes de que la tormenta se lo llevará por delante. Y odio no encontrar las cosas por haberlas cambiado de sitio. Me hace sentir confusa, más pérdida que antes. Por eso, no lo puedo permitir, no puedo permitir que llueva tanto dentro de mi corazón, de mi cabeza, dentro de mi... 
Señoras y señores os voy a contar mi propósito para este Septiembre. (Al principio, mi plan era meterme en la cama, debajo de mis sábanas, sin importarme ni una mierda el calor que hiciera, solamente para refugiarme del comienzo, de la rutina, de este mes que apesta. Dormir, dormir, dormir. Y no despertar hasta que todo fuera mejor. Después me di cuenta de que no iba a ser posible. De que los osos solo invernan cuando hace frío y no calor... y qué desgraciadamente yo no soy un oso. Ah, y por supuesto me di cuenta de que las cosas nunca iban a ir mejor y si alguien os ha dicho que sí, os mentía, lo malo ha pasado vale, pero lo peor está por venir. Sé que es una frase con mucho optimismo en ella, pero así soy yo... tan graciosa como siempre.) En fin. Al cabo de las horas sentada en mi cama, filosofando sobre la vida, me di cuenta de que no todo tenía porque ser una mierda. Que hay cosas que si se pueden cambiar. Y como yo no quiero que haya una tormenta en mi y todo se inunde... voy a conseguir la luz que necesito. Mi plan, es poner la música al máximo volumen (aunque nunca sea lo suficientemente alto), bailar, bailar mucho, cantar (aunque desafine), sonreír sin motivo alguno y abrir un agujero dentro de esta oscuridad, para que entren los rayos de sol. Saldré de la habitación y motivaré a la gente. Haré un club, si hace falta, 'los felices en Septiembre'. Suena bien. Creo que también haré un periódico que solo incluya buenas noticias. Regalaré libros a todo el mundo (porque quién lee, no solo vive una vida). Incluso cantaré y la gente de la calle me seguirá y bailaremos sincronizados (aunque nadie entienda como se sabe el baile,como en las grandes musicales). Y ese es mi propósito: sonrisas, flores, corazones y optimismo. 
Y sí, no niego que tal vez llueva un poco, porque la lluvia nunca viene mal, al revés, la lluvia siempre me ha ayudado. Y yo amo la lluvia. Pero lo que he aprendido de todo esto y lo que he marcado como mi gran meta es: 'la vida no es esperar a que la tormenta pase, ni es abrir el paraguas para que todo resbale, es aprender a bailar bajo la lluvia'. (Además odio los paraguas, me gusta sentir la lluvia mojándome y eso nunca cambiará.) 

4 de septiembre de 2013

Capítulo 001.

Caricias en la espalda. Una leve brisa. Un amanecer en el horizonte. Sonido del mar al fondo. Las espigas que le hacen cosquillas. Alguien que la mira como nunca le ha mirado nadie. Una sonrisa, ¿cuánto tiempo hacía que no veía una tan verdadera como esa? Se sentía en paz. Algo la atrapaba. Era él y lo hacía en sus brazos. Magia, despendrian magia. Pero, ¿quién era él? ¿por qué la había elegido a ella? De repente, el amanecer se esfumó. Él chico sin nombre, sin ojos, ya no sonreía y poco a poco se hacía cenizas. El sonido del mar ya no era de mar, era un zumbido aterrador, con fuertes gritos. Ella ya no se sentía en paz, algo le oprimía el pecho y hacía que no pudiese respirar. El escenario cambió a una sala negra, donde ella no veía nada. Esto no iba bien. Y de repente, oscuridad. Y nada más. FIN.

Me desperté sobresaltada, mientras me incorporaba en la cama de sábanas blancas. Como en mi sueño, había algo que no me dejaba tomar aire. Estaba sudando, miré a mi alrededor, seguía en ese puto hospital. ¿Cómo podía seguir allí? Tendría que haber conseguido escapar hacía mucho ya. Pero lo conseguiría, estaba segurísima de ello. Las luz que entraba por la ventana, me cegaba. Joder. Todo era una mierda. Puse los pies en el frío suelo y fui descalza hasta el baño, pero de pronto llegó una enfermera.
-Ari, ¿a dónde vas? -me preguntó con ese tonito en la voz que tanto odiaba. Cada vez que venía esa enfermera, tenía ganas de tirarla por un largo y profundo precipicio.
-Al baño, ¿es que a caso eso también está prohibido es esta puta cárcel? -puse la sonrisa más falsa que pude en mi cara.
-Sabes que no puedes ir sola. -me respondió la mujer con una alegría que no entendía a que venía, ¿es que era feliz con su trabajo? ¿o acaso tendría una vida perfecta? No lo creo, tenía cara de amargada, solo que sabía fingir considerablemente bien, como yo, supongo.-.
-¿Ósea ni mear sola puedo aquí?
-No, lo siento.
-No digas lo siento, si realmente no lo sientes. -la miré fijamente, y ella me apartó la mirada rápidamente. Yo tampoco le gustaba a ella, eso estaba más que claro. Pero esa tía no iba a entrar conmigo al baño, eso estaba seguro.
-No voy a mear contigo mirando. -respondí con asco en la voz.
-Ah no, claro que no, yo solo me quedaré fuera, pero no puedes tirar de la cadena.
-¿Sabes que no soy anoréxica, no? No voy a meterme los dedos, por dios.
-Quién sabe. Es por precaución.
-¿Qué?
-Haz lo que te digo. -me imaginé como la cogía del cuello y la ahogaba. Bonito pensamiento, sin duda alguna. Me dirigí hasta el baño y detrás mía di un gran portazo. Iba a cerrar con pestillo, cuando me di cuenta, de que aquí no había, por supuesto. Yo no podía tener pestillos, tenía una gran enfermedad mental, yo era peligrosa para los demás. Já. Me miré en el espejo. Me lavé la cara, y me hizo un moño sin más. Miré mi pelo ahora castaño, me acuerdo de cuando mi madre lo vio por primera vez, casi le da un infarto. Antes era rubia, pero rubia rubia. Y me acuerdo de lo que me dijo el psicólogo, uno de los primeras cosas que haces antes de suicidarte, es cambiar repentinamente de imagen. Me acuerdo que pensé que ese tío estaba totalmente pirado, él necesitaba estar internado aquí y no yo. Yo cambié porque antes daba asco. Sin más. Sabía que dentro de un armario, había algo de rompa limpia que dejó ahí alguien, la última vez que vinieron a visitarme, así que, lo abrí y me cambié. Este pijama ya apestaba y encima era horrible. No sé que les pasaría a los de este hospital, pero mal gusto tenían, eso seguro, porque para deseñar un pijama así... Me puse los pantalones pitillos, con una camiseta un poco ancha de color coral.

-¿Ari? -me gritó la enfermera amargada desde fuera-
-¿Qué, mi amor? ¿Ya me echas de menos?
-¿Estás bien? -preguntó, mientras abría la puerta del baño y salía de allí.
-No, que va, acabó de meterme los dedos y potar.
-¿Qué?
-Eso -dije mientras me reía. Ella entró rápidamente al baño para ver si era verdad cuando salió con cara de pocos amigos yo aún me seguía riendo. Realmente miré el inodoro, a lo mejor era cierto y debería vomitar, a lo mejor algo más delgada estaba un poco más guapa.-
-No tengo anorexia, que te entre en la cabeza esa que tienes. Que por cierto, deberías cambiarte el peinado, ese te hace cara de bollo. -le guiñé un ojo y se fue por fin de mi habitación. Hoy me sentía diferente. No sé en que. Pero necesitaba respirar aire puro. Pero lo único que olería sería al ambientador del hospital, o bueno lo que coño que fuese ese horrible olor. Me giré y cogí de la mesa que había al lado de mi cama, blanca también, mis pulseras. Me las puse en la muñeca derecha, sobre todo no para estar guapa, si no para tapar mis cicatrices. Miré el techo. Que poco hay que hacer en este puto hospital. Antes me dejaban salir de la habitación, por los pasillos, pero siempre que lo hacía, la liaba. Mi psicólogo, dice que lo hago para llamar la atención. ¿Qué se creía aquel chiflado estúpido? No es que odie a todos los psicólogos, es más, creo que de pequeña quería estudiar eso cuando fuera mayor, por lo tanto, que quede claro que no los odio. Simplemente, odiaba a aquel tipo sabelotodo que se creía el rey del mambo, ¿es qué a caso sabía lo más mínimo de mi? Por supuesto que no. Si lo hiciera sabría que lo que hacía por el  hospital era porque me aburría a más no poder. Recordé el día de hoy. Magnífico, era sábado, el día de las visitas. Eso incluye mi cita con el psicólogo. Estupendo. Maravilloso. De repente entró alguien por la puerta. Mis padres. Sin duda, este día no podía ser peor.
-Hola cariño -dijo la que se supone que era mi madre. La miré con desprecio.
-¿Qué queréis? -ni siquiera dije un simple 'hola', no quería que estuvieran aquí, ellos no querían estar aquí. No conmigo. La peor hija del universo.
-Solo veíamos a ver como estabas... tu padre y yo estamos preocupad...
-Una mierda. -interrumpí chillando.- A vosotros solo os importáis vosotros mismos. -dirigí los ojos a mi padre, me sustuvo la mirada un leve segundo, pero pude ver como sus ojos brillaban. Qué se jodieran.
-Por favor...
-Iros. -respondí con mi mejor tono gélido. Les di la espalda y miré hacia la ventana. Si estuviera abierta, no hubiera dudado ni un segundo en tirarme por ella. Sentí aún la presencia de mis padres detrás mía, lo cual, me hacía respirar con dificultad. Me volví a dar la vuelta.- ¿Sabéis? No me interesais lo más mínimo, sois patéticos que pensando que con venir aquí y decir cuatro palabras ensayadas, arreglareis y quitareis toda esta mierda. No os quiero ver más. Largaos, joder. -Sin decir ni una palabra más, parece que lo captaron y se fueron, y vi que en la puerta estaba mi queridisima enfermera asquerosa.
-Ari, en una hora tienes cita con el psicólogo.
-Lo sé- respondí mientras le dirigía mi gran sonrisa cínica. Después salió sin más de mi habitación y pude respirar. Una respiración, dos, tres, cuatro, cinco, seis, siete, ocho, nueve... conté hasta que me perdí, miré la hora. Ya llegaba la hora de ir a aquella asquerosa sala.
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-Hola, doctor Jonhson -no le sonreí, porque pasé de fingir que me caía bien cuando realmente no era así.
-Es un placer verte Ari. -respondió, pero él si que sonreía ¿de qué coño iba?
-Mi nombre es Ariadna.
-Cierto. Disculpame, Ariadna -contestó poniendo bastante énfasis a mi nombre.-
-¿Cómo te encuentras? -miré las paredes color crema, aquel color era tan suave, tan muerto y a la vez vivo... los dos sofá eran de color piel y habia dos lámparas blancas alumbrando la habitación. A cualquier otra persona le hubiera parecido un lugar acogedor, a mi me parecía frio y siniestro. Miré a mi psicólogo.-
-Estoy perfectamente. -respondí mecánicamente-
-¿Te gusta estar aquí?
-¿Qué si me gusta estar aquí? Claro, son las mejores vacaciones que he tomado nunca, bonitas vistas, muy cómodo el colchón, tal vez al servicio le falla la amabilidad de sus trabajadores. A lo demás, le doy un diez.
-Entiendo. ¿No te gustaría estar más en tu casa?
-No. -lo dije simplemente porque sé que no es lo que él queria escuchar.
-Entonces, perfecto, me alegro de que la estancia aquí sea tan agradable. Y bueno, cuéntame Ariadna, ¿Cómo te sientes?
-Perfectamente, ya se lo he dicho.
-Tienes que empezar a hablar y a ser sincera con los demás y sobre todo contigo misma. No haces nada engañandote, te harás mucho más daño.
-Yo sé sobrevivir al daño, al dolor.
-¿Y eso? ¿por qué? ¿a qué se debe?
-A que estoy acostumbrada a esas sensaciones -empecé a centrarme en una cosa en particular, y como seguía sin concentrarme ni lo más mínimo empecé a respirar hondo...una respiración, dos respiraciones, tres, cuatro, cinco...
-Algún día vas a tener que aceptar lo que te pasó. -el psicólogo suspiró, como si estuviera perdiendo la paciencia. Todos la pierden conmigo. Soy cabezota, y cuando tengo una opinión, nunca la cambio.
-Mira, yo paso de esta mierda usted lo sabe. Puedo contarle lo bien que lo he pasado estos últimos días tumbada en la cama de este hospital. Pero yo creo que eso no le interesa, así que, ¿por qué no me deja en paz y me deja irme? -me estaba empezando a agobiar aquí dentro, el color de las paredes... las paredes en si parecía que se estaban empezando a tambalear y que se iban  a caer encima. Me dio un fuerte pinchazo en la sien y puse mis manos a ambos lados de la cabeza. Estaba perdiendo el norte, lo sabía perfectamente. Me levanté bruscamente, hasta aquí he llegado. Ya es suficiente.- Mira doctor -dije mirándolo lo más friamente que pude- Yo estoy bien, ¿sabe? no tengo ningún problema -dije moviendo mis manos, cuando de repente otro pinchazo más en mi cabeza. ¿Qué coño pasaba ahí dentro? Alguien me estaba dando martillazos dentro y me estaba matando de dolor. -Joder -susurré, miré otra vez al doctor Johnson y vi preocupación que inmediatamente cambió a diversión, sus ojos se reían de mi, lo veía y lo confirmé cuando de su boca sonó una carcajada limpia, ¿qué coño se creía? Su cara empezó a deformarse antes mis ojos incrédulos y vi como aparecía un bicho de color gris delante mía, que no paraba ni un segundo de reír. Me eché para atrás rápidamente asustada. -¡Pare ya! -pero no la hacía y yo notaba que mis piernas empezaban a flaquear.- ¡Le he dicho que pare, joder! -cogí una estatua de adorno que había encima de una estantería a mi lado y apunté a su cara y se la lancé, pero la esquivó. Joder, joder, tenía que parar aquello. -¡Socorro!-grité lo más alto que pude. Segundos después por la puerta entraron, dos bichos más pequeños, me cogieron de los hombros y yo no podía parar de chillar. Me estaba desgarrando la voz. Empecé a moverme en sus brazos, pegué patadas, para conseguir que me soltaran, pero todo fue en vano. Noté un pinchazo en mi brazo y todo a mi alrededor comenzó poco a poco a pararse. Ya no daba vueltas, y yo paré de forzajear con los bichos. Todo era calma y comenzaba incluso a sentirme bien...hasta que todo se volvió oscuro.


Sinopsis y personajes.

SINOPSIS:

Ariadna es una joven de diecinueve años, que está ingresada en la planta de psiquiatría del hospital, tiene una enfermedad pocas veces diagnosticada. Trastorno de la personalidad. Es como si tuviera dos caras, la buena y la mala. Antes de entrar en el hospital, ella decía que era feliz, bebía, se drogaba, salía de fiesta, se enrollaba con miles de tíos, pero ella era feliz, excepto cuando llegaban uno de sus muchos ataques. Álex, es un chico más de su larga lista de tíos, pero él parece más especial que los demás, sobre todo porque por su culpa está encerrada en esa cárcel. Ella solo quiere escapar de allí... escapar, escapar, esa es la única idea que mueve su mundo, salir y de mostrar que ella está perfectamente.

PERSONAJES:


Ariadna :
Ariadna, aunque todos la llaman Ari, es la protagonista de esta historia. Siempre creía que había sido feliz, hasta que un día su vida se pone al revés y ella ya no sabe como salir de aquello. Se refugia, en los tíos, en el alcohol, en las drogas, en su mundo "maravilloso". Tiene diecinueve años, su color de pelo natural es castaño miel y tiene unos preciosos ojos azules. Siempre había sido frágil, hasta que se vuelve la chica más dura de todas debido a las circunstancias, ya no quería a nadie, no realmente. Se volvió superficial. Es cabezota y orgullosa. Ahora tiene trastorno de la personalidad. Cuando conoce a Álex, todo cambia, pero ella ahora lo odia con toda su alma. 


Wendy:
Wen, es la mejor amiga de Ariadna, de dieciocho años, uno menos que Ari. Le encanta la fotografía y escribir. Rubia y con ojazos. Bastante tímida y reservada hasta que coge confianza. Es especial, mágica. Pero su mayor defecto, es que se ilusiona rápido y es enamoradiza. Aún está esperando a su Peter Pan. 






Álex: 
Su nombre es Alejando, pero él dice que es Álex. Tiene veinte años recién cumplidos. Y es un mujeriego de pies a cabeza. En su vida ha tenido ni una solo preocupación. Siempre se ha creído perfecto. Creído, engreído y rico. Un chico guapo, alto, moreno, con una gran sonrisa que pocas veces muestra, es serio, recio, con algo que le hace interesante. Misterioso. ¿Pero quién sabe lo que se esconde tras una cara bonita?








3 de septiembre de 2013

A drop in the ocean.

Nunca seré suficiente para nadie. Esa es la idea que corre por mi cabeza, todo el puto tiempo. Es como si me hubiera cogido por el cuello y no me dejara respirar. ¿No habéis tenido miedo nunca a no ser lo suficientemente buenos para los demás? Yo sí, todo el rato, a todas horas. Desde pequeña me han hecho sentir inferior, pequeña, muy menuda, una hormiga a punto de ser aplastada. Nunca me ha gustado esa sensación que te oprime el pecho, que no te deja ser tu misma, y sé que esa sensación la han causado los demás en mi. Que cuando mi madre me veía con nueve o diez años, me preguntaba, ¿cómo te ha ido el colegio, cariño? Porque ella sabía que algo iba mal, no era la misma niña alegre de siempre. Alguien toco el interruptor de mi propia Campanilla y se marchó. Sin más. Mi infancia quedó en cenizas debido a las demás niñas caprichosas que no tenían suficiente con su maravillosa vida, sino que tenían que arruinar la de una compañera de clase que siempre se calló todos los insultos dirigidos hacia ella. A veces, no hablamos, pero eso no significa que nuestros ojos no los hagan, hay gente sufriendo y no lo dice pero estoy segura de que en sus ojos verás que está naufragando, que necesita urgentemente un salvavidas. Pero nadie la mira detenidamente y entonces, nadie le lanza nada y naufraga, y se va perdiendo y hundiendo entre las olas de agua salada, hasta caer en el fondo del mar. Más tarde, todos sabemos lo que pasa, alguien nota su ausencia (ahora si, claro) y llora. Y todo el mundo de repente se siente culpable, 'ay, yo le dije tal', 'espero que no le afectara mi insulto, no iba con esa intención'. Pues yo sé que la niña debajo del mar, está odiándoos por ello, por no haberla salvado, por no haber hecho nada por ella, por haberla ignorado y tratado como un objeto de decoración más. Y sí, en esos casos, cuando no miramos a los ojos de alguien, estamos cometiendo un grave error, porque no sabemos cuando gente podrá morir por nuestra maldita y puta culpa. Y creédme, yo desee ser la niña ahogada por las olas del mar, pero nunca le di ese gusto a nadie, pocos miraron mis ojos café detenidamente, y sí, naufragué, pero nadé contracorriente, nadé con todas mis fuerzas, nadé y no pensé en nada más, solo en salir del caos. Y aún sigo nadando, estoy a flote, moviendo mis brazos y mis piernas, aún no me he ahogado. Aún. Porque sigo esperando que alguien me mire a los ojos y sepa que algo dentro de mi va mal, y se ofrezca a ser mi salvavidas. Sigo esperando, para nada, solo porque me gusta tener esperanza en algo. Es lo único que me hace sentir todavía viva. Que en mis venas fluye sangre y no agua. Que mi corazón sigue latiendo y mi cerebro pensado sin parar a descansar ni un solo segundo. Desde aquí, flotando en el agua, veo mi reflejo y siento miedo. Miedo y repulsión hacia mi misma. ¿Quién coño es la del reflejo? ¿por qué alguien con grandes ojeras, lágrimas en los ojos hinchados y pelos desordenados está haciendo pasar por mi? Después una ola viene hacia a mi y me doy cuenta de la verdad. De que ese reflejo del agua, soy simplemente yo. Agotada. Exhausta. Rendida. Pero sigo siendo yo. Pero ahora que estoy ahí, sola, sin nadie que me diga lo contrario, sé que nunca aceptaré mi propio reflejo. Que nunca me gustaré. Y entonces, lloré como nunca antes lo había hecho, y mis lágrimas se perdieron entre el agua del mar. Y sin más, eso soy, algo tan simple como una gota en el océano. 


31 de agosto de 2013

'Cuando no puedes decidir qué hacer, finges ser un personaje de un libro, porque es más fácil decidir qué harían ellos.'

Carnaval. Sí, hablo de Carnaval cuando quedan escasas horas para Septiembre. ¿No os gustaría ser siempre otra persona? ¿Actuar? ¿Dejar las preocupaciones a un lado? ¿Reír a carcajadas hasta que te duela la tripa? A mi definitivamente, sí. No me gustaría que todo el mundo creyera que soy una niña malcriada, incorfomista, egoísta e hipócrita. Pero no es voy a culpar por ello si lo hacéis, la verdad. Porque en parte tengo algo de todas esas cosas. Y me asusta. Me asusta a ver 'vivido' tanto que ahora ya no tengas ganas o al menos de hacerlo en mi vida. Además creo que he sentido tanto, que he dado tanto a la gente, a gente que rara vez se lo merecía, sin recibir jamás nada a cambio, que creo que me he quedado vacía. Que mis putos sentimientos se han desgastado.  Qué curioso. Y sí, ahora mismo, me gustaría de dejar de ser yo, y disfrazarme de otra persona, poder dejar todo lo que llevo conmigo tirado en el suelo, mis lágrimas en mi almohada, y mis sonrisas falsas con todos a las que se las dedique. Estoy cansada de mi historia. De no ser suficiente y por eso me gustaría que fuera Carnaval, porque en esa noche todo el mundo parece feliz. Si pudiera elegir, sería Minnie, una heroína de cómic, una princesa de cuento... no sé, alguien a quién no le doliera el pecho, nunca más. Alguien que pudiese respirar tranquila. Sí, sé que no debería pensar que mi vida es tan mala. Y sí también, a lo que he tenido suerte teniendo un techo en el que vivir siempre y un plato de comida para comer. Pero, ¿y lo demás? ¿todo lo demás que he sufrido y me han hecho sufrir? Eso nadie lo toma en cuenta. Cada uno tiene sus problemas. Claro, claro. Nadie puede hablar de los problemas de los demás, porque no son los suyos y nunca estará en la piel del otro para sentirse igual. Pero bueno, así somos nosotros. O soy yo. Siempre he pensando en los demás, mientras nadie lo hacía por mi. Y os digo que en otra época, me encanta, me encantaba dar, dar y dar sin más, sin pensarlo, solo daba porque creía que algún día algo bueno vendría para mi. Me tragué todas las palabras y todo lo que me hizo daño, pensando en que el karma existía y que algún me lo devolvería todo con intereses incluso. Pero ahora me doy cuenta de que la vida no va así, de que la gente va su por camino y que le importa una mierda a quién pisa solo para subir hasta la cima, la cima de la gente que 'triunfa'. Yo ya no sé que significa esa asquerosa palabra. Creí que lo entendía, pero ahora ya no lo hago, ¿hace falta pisotear a los demás para creerse mejor? ¿Hace falta insultar, agredir, tratar como a la mierda a la gente solo para sentirte un poco mejor con tu vida y tus problemas? ¿En serio? No sabía que la vida era esto. Que el camino hacía el 'triunfo' era así de cruel. Pues yo he desistido y me he decidido que me iré por mi propio camino. Sola, pero dicen que mejor así que mal acompañada. Yo también pienso igual, pero a veces, porque otras sigo siendo la niña pequeña que le asusta la oscuridad, la soledad, que la asusta sentirse perdida, sin nadie... Pero por otra, sé que me gustará más así. ¿Por qué sabéis? Necesito que sea Carnaval, necesito dejar de sentir mi nombre marchitado en boca de personas a las que no les importo, necesito dejar de escuchar voces en mi cabeza diciéndome lo poco que valgo, necesito olvidar todos los problemas que me abruman y me dejan sin oxígeno, necesito dejar de sentir ese miedo atroz todas las noches de mi vida... sin poder cerrar los ojos, porque estoy demasiado asustada para hacerlo. Porque a veces soñar es peor que vivir. Pero también necesito no sentir ese vacío dentro de mi. ¿Sabéis lo que dicen en uno de mis personas literarios favoritos? 'Cuando no puedes decidir qué hacer, finges ser un personaje de un libro, porque es más fácil decidir qué harían ellos.' Gracias William Herondale, creo que hoy seguiré tu consejo. Seré tú.

30 de agosto de 2013

El gran amor de tu vida.

Los libros son como las personas, como la vida, como los amores... Vemos todas las estanterías llenas de libro, sin saber cual coger. Pero de repente uno te llama la atención. Te alzas y lo coges, y ves con orgullo, que tiene una bonita portada y buen título, te gusta al segundo en ese aspecto. ¿Lo de dentro valdrá tanto como lo de fuera? Tienes la esperanza de que sí, de que algo bello por fuera, también lo sea por dentro. Abres sus páginas con ansia y te encuentras abrumada por la historia. Te surmeges en cada una de las frases, intenta saborearlo más, pero no puedes. Es un gran vicio para ti y demasiado difícil sortarlo y seguir leyendo mañana. Quieres más. Y cuando menos te lo esperas, llegas a la última página, cuando la terminas, pasas de página y solo hay una hoja en blanco. ¿Qué? ¿Cómo puede ser que te lo hayas leído tan rápido? Pues sí, así es. Te sientes contenta, por el libro que te ha hecho tanto sonreir, como llorar. Pero es irónico, lo decepcionada y frustrada que te sientes al no haber aprovechado cada letra de cada palabra de cada frase de ese maravilloso libro y sobretodo al que ya se haya terminado sin remedio alguno. Entonces, te encuentras buscando otro libro, otro libro que te llene tanto, que te complete al igual que lo hizo el primero. Entonces, te prometes que el próximo será mejor, que lo aprovecharás y  exprimirás al máximo, cada una de sus letras.  Buscas y efectivamente, ves uno precioso. Lo abres y lees, y entonces es cuando te das cuenta de que no era lo que esperabas, no tenía las mismas palabras que el otro, no te hacía emocionarte, es más incluso te aburría... Lo cerraste y lo volviste a mirar, qué curioso, que bonito por fuera y que vacío por dentro. Sigues buscando, sigues encontrando libros, algunos mejores que otros, pero ya ninguno te devuelve lo que sentiste en el primero, en el gran libro, como te gusta llamarlo. Pero leer otros, no está mal del todo, algunos a veces te sacan una risilla, pero en ninguno de ellos, llorarás de emoción, de alegría, de felicidad... en ninguno más. Es una sensación irrepetible. Empiezas a comprar libros de todo tipo, incluso los bonitos por fuera y feos por dentro, libros de segunda mano que la gente ha desechado, libros aburridos y libros sin letras que vayan a quedar grabadas en tu mente. Y va pasando tu vida, y solo recuerdas un solo libro, una sola gran historia, la primera que realmente leíste y disfrutaste, se pasó rápido, sí, pero aunque fuera por poco tiempo, nunca jamás cambiaría esa sensación fugaz, por otra más lenta y duradera.

29 de agosto de 2013

Muros indestructibles.

Pretendemos que las personas sean como queremos y no puede ser. ¿Por qué? Porque no, es sencillo. Querrás que una persona esté, pero no estará. Es así. Querrás que al decirle 'te quiero', esa persona sienta lo mismo y te diga un bonito y simple 'yo también te quiero'. Pero no. Nadie es como realmente aparenta. Todos tenemos por dentro, castillos y muros muy altos de derribar. Empiezan como dos piedras puestas de forma horizontal y después, cuando ves que la vida te da más palos que flores y corazones, empiezas a poner una piedra encima de otra, y así, es como creas tus propias barreras. Tú eliges, el grosor, la altura, y quien las derribará. Hay gente que sus barreras son bajas, porque aún tienen esperanza en que la gente buena existe. Y sí, señores y señoras, la gente buena existe, pero son los que tienen los muros más altos y fuertes, eso que por mucho que empujes, nunca tirarás abajo. ¿Por qué? Porque esa gente es a la que más hostias le han dado, y todo porque valen la pena y los toman como tontos. Y entonces, la vida, que es muy puñetera (e hija de puta), dice 'esta persona es buena, pongamosle en el camino, algo malo'. Triste, pero cierto. Y por eso cuando sueñas con una persona, piensas que se habrá quedado dormido pensando en ti. Pero no es así. Engañamos. Llorarás pero nunca obtendrás el consuelo de esa persona. Sonreirás, pero nunca conseguirás esa sonrisa de la misma forma. Caerás, pero te tendrás que levantar sola, porque esa persona jamás se arrodillará y te ayudará a levantarte. Les darás consejos, pero la otra nunca te dará uno en serio. Le darás todo lo mejor de ti, pero nunca recibirás nada a cambio. Así somos. Todos con todos, somos crueles. Repulsivos. Asquerosos. Y no nos damos cuenta, de todo lo que podemos llegar a hacer sentir a los demás. Y todo porque algunas personas son así y punto. Nunca busques explicación a algo que no la tiene, a algo que nunca te dará una respuesta sólida. Solo te chocarás con ese muro que tanto incordia, pero que sabes que aunque sea lo que deseas con más fuerza en el mundo, no caerá.

28 de agosto de 2013

'Con la tristeza pegada a los talones'.

Con la tristeza pegada a los talones. Sí, la tristeza, no la muerte. O bueno, más o menos se podría decir que es casi lo mismo. La tristeza al fin y al cabo, te hace morir cada día un poquito más. Te va consumiendo, como el fumar. Como el soñar con cosas que nunca podrán hacerse realidad. Pues así voy, andando por la calle en un día normal. Veo a  la gente a mi alrededor, conversar. Gente. Gente con miedo, gente feliz, gente con preocupaciones, gente solitaria, gente contenta... los miro y me imagino sus vidas. Tú llevas esa cara de decepción porque acabas de pillar a tu mejor amigo y a tu novia follando en tu salón, al lado de la playstation con la que juegas e ignoras a tu novia, que siempre está a tu lado, sin saber que hacer para que despiertes. Y sí, chaval, acabas de abrir los ojos y sé que no te gusta lo que ves, ¿y a quién si? O tal vez me equivoco y simplemente tu cara se debe a que no quedaban donuts en el armario y tienes que bajar a comprarlos, ¿quién sabe? Cada uno se queda con la historia que le hace más feliz. Así vamos. Estoy segura de que quién vea esa chica,  ve a una chica andando sola a unas horas en las que ni siquiera el cielo se ha despertado del todo. Ve a una chica que oculta un gran secreto. Y sobre todo, un gran agujero negro en su corazón. Que lleva guardo en las botas un cuchillo, por si se le aparece uno de esos monstruos con lo que siempre sueña, aunque todos sabemos que dificilmente será capaz de sacarlo y enfrentarse a ellos. Lo lleva, para estar más segura y porque le gusta pensar que tal vez algún día sea lo suficiente valiente, como para estampar el cuchillo en las tripas de algún bicho. Hasta ella prefiere quedarse con esa historia, porque la hace un poquito más feliz y valiente, aunque en su interior sabe que no sería capaz. Que el miedo la pausaría, y la dejaría con los pies clavados en el asfalto. La ven y físicamente, ven a una chica que se ha hecho una coleta cuando sabe que no es la más guapa con ella, que se ha puesto rímel tan solo porque sabe que así no podrá derramar ni una lágrima, pero otra vez eligió la historia feliz, porque si la observas detenidamente, ves que está apunto de llorar y no lo va poder evitar, porque ya todo le supera. Que la ropa que se ha puesto le gusta, pero no le favorece, que hace frío y no ha cogido ni una chaqueta, porque le apetece que el frío cale en sus huesos, hasta que se rompan. Va con uno de sus libros en la mano. Su mejor amigo. Y si puedes ver dentro de ella, verás que siempre lleva papel y lápiz en su bolso porque nunca se sabe cuando le llegará la inspiración. De que el silencio y la soledad son sus mejores aliadas. Lleva unos auriculares puestos y por la expresión de su cara, tendrá que estar escuchando música clásica o la banda sonora de alguna película. Y si miras más profundamente, veréis como aunque la chica esté rota en mil pedazos, aún puede ofrecer grandes cosas al mundo, que aunque le duela cada respiración que toma, puede sobrevivir, porque ella jamás se rinde. De repente, la chica se pone a correr como si la vida le fuera en ello y desaparece. 
Me encantaría que realmente alguien jugará a este juego, el de conocer a las personas un poquito más. Interiormente. Pero como sé que nadie va jugar mirándome a mi, pues he decidido jugar conmigo misma. Y ahí tenéis mi visión hacia mi. Y sí, voy con la tristeza en los talones, pero alguien me dijo una vez, que cuando eso pasará, que cuando sintiera a la tristeza, que saliera a la calle a hora que fuese y me pusiese a correr para que no me pudiera alcanzar. Y así lo he hecho hoy. 

27 de agosto de 2013

Mi cuento de hadas lleno de mierda.

Cada día me demuestras más que no hay que esperar nada de nadie. Tú y solo tú me has enseñado esa valiosa lección. Nunca la olvidéis, es una aprendizaje básico para poder sobrevivir en este mundo plagada de bichejos y monstruos. En fin Serafín. Hoy contaré un cuento de hadas lleno de mierda. ¿Sabíais que el frío no solo te hiela si no que también te quema? Pues sí y creo que eso es otra de las cosas que aprendí contigo. Eras como hielo. Como ese frío de diciembre, de un invierno blanco, que te cala hasta lo más profundo de tu ser y no te deja respirar. Pero sí, por otra parte eras como los rayos de sol abrasadores de pleno Agosto a las dos de la tarde en una playa del Mediterráneo. Hacías que ardiera. Me avivabas. Además de eso, me decías palabras bonitas, me hacías creer en el amor, ¡en el amor! Joder. A mi que solo me importaba ver mi serie favorita todas las semanas y comer siempre que quisiese mi helado favorito, me hablaste de amor, y me hiciste creer en muchas otras cosas, me hiciste soñar con castillos más altos que el cielo, y con velos de novia más largos que los kilómetros que hay de aquí a Australia. A mi que me gustaba estar más sola que acompañada, me hiciste ver que ya nunca más amaría la soledad, ya que amaría cada segundo cerca de ti. Y así lo hice, amé todos los momentos a tu lado. Amé el sabor de tus labios convirtiéndose en mi sabor favorito, dejando mi helado favorito de helado. Amé contar los infinitos lunares de tu espalda, dejando de lado todas las cosas infinitas. Amé cada instante, en el que tu boca, cambiaba, se movía, se ampliaba, para sonreír y parar el mundo para que todo el mundo pudiese observarte. Amé tu forma de mojarte los labios antes de hablar. Amé tu sinceridad desde el primer momento y abrazarte cuando me chillabas o me tratabas como a la mierda. Amé cuando tus manos me cogían y adoraban cada parte de mi cuerpo. Amé más tu forma de caminar, tu espalda, y amé que me hicieras aprender que se podía llorar a carcajadas. Amé tu olor y tu mirada oceánica, tus palabras duras o suaves, amé tus días malos, amé tus decisiones, amé tus virtudes, amé tu risa, amé tus gemidos y jadeos, amé mi nombre de tu boca, amé tus defectos, incluso amé el día que me dejaste y te fuiste, sin más. Amé tu forma de cansarte de mi. Amé todo, absolutamente todo de ti. ¿Y tú? Ahora que estoy contando la historia, no tengo miedo a preguntar, ¿realmente amaría algo de mi? Me arrastré, lloré y supliqué, a él. Porque quererle era lo único que había aprendido con él. Sin saberlo, él me había cegado de todo lo demás, y me fui alejando de la gente, de mis sueños y metas, de la vida, del mundo exterior. Me quedé encerrada en esa historia y cada vez que la recordaba y acababa, volvía a empezar y a recordarla. Y así todo el día. Atascada. Hablando con la luna. Ya me daba igual. Tú eras superior a todos. A mi. Yo te puse delante, incluso de mi misma. Tal vez, deberías haber amado eso de mi, tu forma de anteponerte a todo, siempre eras lo primero para mi. Nada me importaba más que verte aunque fuera una milésima de segundo, algo feliz. No me dejaste crecer. Solo me dejaste llorar en mi ventana, allí por donde tantas noches te dejé entrar a mi habitación, a mi vida, a mi misma. Se me ha olvidado decir, que amé que durante unos escasos minutos pudiéramos convertirnos en uno. Tal vez, eso fue uno de mis errores. Yo creía que todos los días, a todas horas, en todos los minutos y segundos, éramos una sola persona con el mismo propósito, pero ahora cuando cuento la historia completa a alguien, me doy cuenta de que no era así, te recuerdo y lo hago con muchísimos detalles. Cierro los ojos y puedo verte sin dificultades y de ahora sé que tú eras alguien, solo una persona, no contaste conmigo nunca, eras independiente, nunca tomaste decisiones pensando que alguien más caminaba a tu lado para que nunca tropezarás, mientras que ese alguien, ósea yo, siempre caminó sin alguien al lado. Sin ti, mejor dicho. Nunca me salvaste. Me dejaste caer hasta lo más hondo y yo me dejé, porque pensé, que vendrías a por mi, a rescatarme de la oscuridad. Pero no ha sido así. Y recordar todos los momentos contigo, sin que se me escape una lágrimas es imposible. Me hiciste aprender tantas cosas, algunas sin valor alguno y otras, con demasiado valor para poder verlo con claridad hasta hoy. Amé cosas de ti, que quizás algún día podré aprender a odiar, porque eran repulsivas. Nunca debería haberte dejado instalarte en mi corazón, porque eras hielo, y me dijiste que no me harías daño, que solo calentarías mi corazón, que el hielo algunas veces no enfriaba, solo calentaba, lo hizo hasta hace poco, que me di cuenta de que ahora mi corazón está completamente congelado, y que nadie puede hacerlo entrar en calor. (A lo mejor, excepto tú, aunque no sé si querrías que lo volvieras a hacer... o sí, porque como suelen decir,  todos tenemos una faceta de masoquistas y la mía es muy grande.)


Después de contar mi cuento, me doy cuenta de que es increíble y muy estúpido, como hasta hoy, he seguido esperando tu llegada desde mi ventana, te hubiera vuelto a dejar entrar todas las veces que hubieses querido. Que gran idiota que soy. Ya nunca más haré pactos con el diablo (tú) porque es verdad eso de que al final se llevan tu alma con ellos. Amé todo de ti, como he dicho, pero ahora de tanto esperar tu regreso, puedo decir, que una parte de mi, cada día, te odiaba más.
Pero, ya que estamos hablando con total sinceridad,  ¿sabes lo qué odio más de esta historia? Que tú siempre fuiste lo primero para mi, ante todo, eras lo único que me importaba, y tú, sin embargo, nunca me pusiste por delante de nadie, siempre fui tu última opción, el puto último plato que finalmente como estás tan lleno que te lo terminas dejando a medio comer o sin ni siquiera haber probado bocado. Eso fui para ti. Nada. Y lo odio porque un día creí que podías llegar a querer a alguien, además de a tu estúpido ego y me equivoqué. Y duele. Pero espero que eso de que de los errores aprendes, sea verdad.


Las mismas historias de siempre.

La rutina. La misma mierda de siempre. Repetición. Lo odias, pero nunca lo cambias, porque realmente te da miedo. Los cambios asustan. Te tiran para atrás, como un día de viento y diluvio. Esperas que algo por arte de magia cambie el rumbo de tu vida. Pero no ocurre nada y entonces te preguntas por qué coño sigues creyendo en la magia, cuando nada ni nadie, te ha demostrada que vale la pena creer. Te sientes estúpida. Te sientes ruina. Ruina como Roma. Pero dicen que a veces y repito, solo a veces, las ruinas son bonitas y gustan. Pero hay muy pocas posibilidades que lo que queda de mi, atraiga a espectadores. O bueno, visto de otra forma podriamos decir, que atraería a gente pero no para ver las hermosas vistas de algo que ha estado durante años ahí, sobreviviendo aunque tal vez con bastantes grietas, si no solo irán para ver como poco a poco se va derrumbando más y más, hasta que al final todo desaparece y se convierte en una hermosa nada. La gente y su afición de ver a los otros caer y hundirse. Que sádicos, crueles e imbéciles. Volviendo al tema de la rutina, he de decir, que me aburro de todo esto. De esperar. O esperarte, quién sabe lo que realmente estoy haciendo. Porque unos días pienso que simplemente estoy esperando que la vida me de algo de lo que disfrutar, pero otras pienso que ya lo tengo, o bueno no de forma literal, si no que lo puedo llegar a tener algún día, porque tú eres increíble y tal vez, por esa razón esos días lluviosos no haga más que esperar(te). Soy una hipócrita, quiero que llegue algo por si mismo, cuando sé que es algo con pocas probabilidades de ocurrir, y por eso señores, dicen que la esperanza es lo último que se pierde. Típico. ¿Pues sabéis lo qué pienso? Que ojalá fuera lo primero que se largase, porque sin esperanza desde el primer momento, no habrían tasas tan altas de desilusiones en todo el puto mundo. Pero no. Nosotros, yo incluida, no somos así, seguimos creyendo en magia, en que la rutina un buen día cambie, en que la gente empiece a escuchar más que hablar y en que aparezcas. Pero como ya todos hemos podido comprobar, las cosas no van así. No son tan fáciles. Todo tiene precio. Todo cuesta algo. Esfuerzo, dinero, lo que sea. Pero en esta época, nada, créeme nada es gratis, todo te lo van a cobrar tarde o temprano, incluso con grandes intereses, hasta que acabes arruinado. Y en ruinas. Y vuelta a empezar. Por lo tanto, mi conclusión es que soy una ilusa e hipócrita (como he dicho antes, sí, me repito más de lo que me gustaría) y que como no me mueva de esta jodida cama bañada en mis lágrimas, todo seguirá igual. Sé que tengo que levantarme y salir del oscuro. Y hoy, puedo decir que creo en la magia, pero no está hecha para mi, por lo tanto, solo me puedo decir: Adelante María, tienes y puedes hacerlo.